La perenne utopía
«En el momento que dieron el golpe y se declaró ilegal la CNT, mi esposo me dijo lo siguiente: «Quiero que estés preparada. Pueden pasar meses, años, pero a mí me van a venir a buscar, me van a llevar detenido.» Entonces le pregunté por qué, si él tenía algún hecho o algo, que cumpliera su pena, pero que no huyera. Me dijo: «Â¡No! ¡De mí no puedes avergonzarte nunca! ¡Yo estoy luchando por una causa que creo justa!» Siempre me comentaba que él daba la vida antes de denunciar a otra persona conocida o amiga de él». (Parte de las declaraciones de la Sra. Isidora Musco Rodríguez de Chávez, a la Comisión Investigadora Parlamentaria sobre Violaciones a los Derechos Humanos, en junio de 1985).
Desde que el 1° de Mayo de 1983, el PIT lo incluyera por primera vez dentro de la plataforma de reivindicaciones populares, el tema de los detenidos desaparecidos durante la dictadura se destacó como una de las más emblemáticas demandas del sentimiento colectivo de nuestra sociedad.
Cual persistente y constante marea que embiste la roca del silencio hasta horadarla, el esclarecimiento de las situaciones de estos compatriotas fue el permanente reclamo de una democracia en lucha por «la pacificación de los espíritus, por la pacificación nacional», como lo sintetizara el Gral. Seregni a la salida de su prisión, porque «no hay democracia si no hay paz y no hay paz sin justicia.»
La necesaria búsqueda de la verdad, indefectiblemente unida al ejercicio de la justicia, se esparció a lo largo y a lo ancho del país, descorriendo los velos de la incredulidad, ganando su batalla contra los egoísmos individuales y consiguiendo por fin su foro de debate en la Concertación Nacional Programática.
Allí, en el preámbulo de las elecciones nacionales de 1984, todos los partidos políticos y las organizaciones sociales participantes se comprometieron al esclarecimiento de las situaciones de los compatriotas detenidos desaparecidos, en un documento que llevó al pie las firmas de importantes dirigentes y personalidades, representando la voluntad política de sus colectividades.
Fue al influjo de este sentir colectivo, asumido como compromiso público por el sistema político, que las puertas del Poder Legislativo se abrieron a partir de marzo de 1985 para recibir las denuncias de familiares, compañeros y organizaciones de derechos humanos, que desnudaron las violaciones, los martirios, las degradaciones y las muertes de decenas de compatriotas a manos de la dictadura.
Y fue también en esas instancias parlamentarias que ya salieron a la luz pública las autopsias denunciando la muerte por torturas en los cuerpos aparecidos flotando en el Río de la Plata a mediados del año 1976, la existencia de enterramientos clandestinos en el Batallón 13, la evidencia de vuelos de la muerte, la coordinación represiva entre los militares uruguayos y argentinos y la estrategia de los operativos zanahoria que buscaban ocultar las evidencias de los crímenes cometidos.
Más de veinte años han pasado desde que aquella Comisión Parlamentaria decidiera pasar todos los antecedentes a la Justicia. Más de veinte años de espera por el cumplimiento del compromiso asumido por el sistema político con el cuerpo ciudadano de investigar hasta esclarecer las desapariciones de los compatriotas detenidos por la dictadura.
Más de veinte años signados por la intención de imponerle al país una versión histórica sesgada, mentirosa, en blanco y negro. Veinte años de citaciones de la justicia guardadas en cofres fuertes, de pactos secretos en Anchorena, de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, de amenazas con supuestos malestares militares, de «no se puede investigar más»…
Más de veinte años debieron pasar hasta la llegada de un gobierno progresista, un gobierno real de cambio, que asumiera para sí el compromiso contraído entonces por todo el cuerpo político e hiciera honra de la voluntad de esclarecer los hechos, a partir del ejercicio irrestricto del mando superior del Poder Ejecutivo.
Porque la realidad es tozuda y no existe venda que la oculte, ni dique que la detenga.
Porque la verdad es el nuevo tiempo naciendo para inundar de luz nuestros días.
Porque la hora de la reafirmación, de la esperanza racional, participativa y comprometida, de la perenne utopía que vos soñabas, está vigente.
Porque nuestro corazón exulta el orgullo de sentirte y vivirte compañero.
Porque no existe causa más justa que la causa de la gente, que la causa del pueblo,
¡Salud Ubagesner! *
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