Neologismos absurdos e innecesarios
Un lector ha tenido la gentileza de enviarme un mensaje en el que se lamenta por el mal uso del idioma que hacen los comunicadores tanto en prensa escrita como por radio y televisión. «Lo triste es que después la gente los imita», advierte con amargura y se pregunta: «¿Será que creen que hablan un español moderno o ‘cheto’?».
Y efectivamente es así. Hay una novelería tilinga que recurre a términos no sólo rebuscados sino además cacofónicos, neologismos innecesarios que no agregan absolutamente nada –ni siquiera una sutileza o matiz– a la idea que el castellano puede expresar con su léxico generoso.
Algunos vocablos sencillamente no existen en español. Es el caso de concesionar, que tan a menudo se utiliza en vez del muy correcto conceder o de la frase dar en concesión, cuando nos referimos al otorgamiento gubernativo de obras o servicios a favor de particulares.
Direccionar abunda en el léxico periodístico que parece haber olvidado que dirección –en su primera acepción– es «acción y efecto de dirigir«, por lo que no se justifica la creación de un nuevo verbo; si seguimos en ese mecanismo perverso y absurdo, podríamos sustituir dirección por direccionamiento, y de ahí a un nuevo infinitivo, direccionamentar, no hay más que un paso…
Este mismo mecanismo es el responsable del curioso verbo posicionar(se), que ha venido a remplazar el viejo pero no por ello menos eficaz situar(se) o incluso, por qué no, el modesto ubicar(se). Y ya hemos empezado a oír por ahí el sustantivo posicionamiento que desplaza lentamente a posición.
También señala el lector el uso de otro verbo que el español no registra: efectivizar en lugar de frases tales como hacer efectivo, llevar a efecto, poner en efecto, que también pueden expresarse mediante el verbo ejecutar. Hasta hace un tiempo, la gente pasaba sus vacaciones en Punta del Este, en el Cabo Polonio o en el fondo de su casa; ahora vacaciona en alguno de esos lugares, ignorando que este verbo tampoco ha tenido el honor de ser aceptado. Por suerte.
Otra cosa que me rechina –y apuesto a que el lector coincidirá conmigo– es el uso del verbo rentar en lugar de alquilar o arrendar. Este error es un anglicismo inaceptable pues rentar (que sí figura en el diccionario) quiere decir «producir o rendir beneficio o utilidad anualmente una cosa». O sea que en español puedo decir, por ejemplo, estas propiedades rentan quince mil dólares, pero, por favor, no lo empleemos como sinónimo de alquilar.
–Toy de acuerdo con usté, Mendieta: esto de los neologismos me llena de indignacionamiento.
–¡Qué lo parió! *
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