Irán en el ojo de la tormenta

Hace 27 años, el pueblo iraní logró con un enorme costo de vidas terminar con la monarquía títere del imperialismo norteamericano liderada por el Sha Reza Pavlevhi, instalando en el poder a la Revolución Islámica.

Trabajadores, estudiantes, campesinos, enfrentaron casi con las únicas armas de su valentía y de su fe, a la metralla asesina imperial, y las calles de Teherán se llenaron de mártires, miles de ellos. Sin embargo, la prensa occidental no hablaba de ellos, hablaba de las «ejecuciones sumarias» efectuadas por los líderes de la revolución, de sus «rehenes inocentes» en una embajada que era el cerebro y la inteligencia del sistema corrupto e inhumano del Shá.

Y desde entonces, EEUU y sus aliados cómplices de la barbarie «se la juraron» al pueblo y al gobierno iraní.

El Hitler contemporáneo George Busch y su complaciente cortesana ideológica Condoleezza Rice, han colocado en el centro de su delirio bélico al pueblo iraní y están intentando cercarlo, aprisionarlo, descuartizarlo diplomáticamente primero, para después intentar introducirlo en la parafernalia de su demencia y lanzar sobre él a sus ejércitos de violadores, torturadores, canallas y cobardes ejecutores del «error» en los objetivos de sus misiles, asesinos de niños, mujeres, ancianos inocentes, destructores de ciudades y maravillas de la historia y la cultura universal, como los tesoros de la Babilonia milenaria que han sido sepultados entre cadáveres y escombros a influjo de los misiles estadounidenses, británicos, y sus demás aliados complacientes.

Pero Bush (que si bien está en plena demencia no deja de ser inteligente aunque aplique esa cualidad exclusivamente para el mal) sabe perfectamente que la respuesta de Irán a una agresión no será igual a la respuesta de Irak, que ha propuesto una guerra de desgaste a mediano o largo plazo contra los invasores y sus aliados internos y externos.

La inteligencia norteamericana sabe que la Revolución Islámica responderá bala por bala, defenderá cada centímetro de territorio iraní si es necesario con murallas de mártires, y que puede generar con un ataque, el inicio de una «Guerra Santa» que muchos predictores políticos internacionales no se atreven a mencionar con nombre propio en sus análisis.

Sabe perfectamente que el fantasma de Vietnam sigue andando por los pasillos del Pentágono y de la Casa Blanca en Washington, pero no ceja en su empeño de imponer su liderazgo mundial. No ceja en el absurdo de exigir respeto a los derechos humanos al resto del mundo, y ser su propio gobierno uno de los mayores violadores de ellos en la historia contemporánea y pretender además entre otras cosas, tener el monopolio de la energía atómica bajo su arbitrio.

La inteligencia norteamericana ha justificado sus grandes crímenes, ubicando al imperio como víctima de tragedias pergeñadas por el terrorismo enemigo, como lo fue Pearl Harbor, que justificaron el genocidio de Hiroshima y Nagasaki, las Torres Gemelas que echaron las hordas «justicieras» sobre Afganistán y luego, la mentira infame, informando y luego desmintiendo por la propia Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre la existencia de las armas ocultas por Saddam, que justificó la invasión y el genocidio del pueblo de Irak.

El pueblo iraní y el gobierno de la Revolución Islámica saben que están en el «ojo de la tormenta», pero saben también que su historia ha sido siempre parecida y siempre ha prevalecido el heroísmo de su gente. *

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