Pasos fundamentales hacia la verdad y la justicia
A medida que el país va saliendo del período de cesación de actividades por las vacaciones de verano, y el Poder Judicial y el conjunto de la administración retoma su ritmo habitual, las cuestiones de derechos humanos pendientes desde hace más de tres décadas vuelven a aflorar a la atención más inmediata de la prensa.
Dos episodios de estos días revisten especial significación: por un lado, una vez verificada la identificación de Ubagesner Chávez Sosa, los familiares se ocupan de reconstruir su personería legal, llamémosle así. Entre tantos daños que se le infligieron al militante del Partido Comunista, la privación de su identidad y la retención de su cédula de identidad no ha sido lo menor.
Culminado ese aspecto registral de la identidad del que fuera el primer uruguayo desaparecido que ha recobrado su identidad, los familiares y compañeros de lucha y de trabajo de Chávez Sosa se aprestan a realizar los reconocimientos y homenajes de los que estuvieron privados durante tantos años.
Un homenaje que adquiere particular significación tanto en el plano conceptual como en el emocional y afectivo. Justamente las ceremonias que se preparan apuntan a la atención de esta zona, de inocultable importancia, que es la actitud de la sociedad uruguaya ante los crímenes de la dictadura.
Los crímenes que ahora se reconocen, después de decenios de negativas oficiales, de réplicas fraudulentas de muchas generaciones de funcionarios públicos, militares y también civiles, que desde sus lugares de actuación estatal ocultaron y mintieron de manera sistemática. El Estado uruguayo mintió. Los gobernantes, militares y civiles, dieron directivas precisas a todo el aparato estatal que se respondiera ocultando y mintiendo sobre el destino de los desaparecidos.
Eso se terminó. O, mejor dicho, empieza a terminarse a fuerza de la tenacidad de los Familiares de Desaparecidos, de las organizaciones de derechos humanos, de los periodistas valientes y capaces, de los sindicalistas luchadores y de los militantes políticos que han entendido siempre que la verdad y la justicia son condiciones sine qua non para el desenvolvimiento de la democracia en el país.
El otro episodio tiene que ver con el destino de la maestra Nibia Sabalsagaray, secuestrada por personal civil y militar el 29 de junio de 1974 en el Hogar de Hijos de Obreros de Campomar. La joven estudiante del Instituto de Profesores Artigas fue trasladada al Batallón de Ingenieros Número 5, en Camino Casavalle.
Nibia murió a consecuencia de las torturas a las que fue sometida. Existen sobre este hecho brutal y vergonzoso varios testigos que describieron con claridad la situación en que se encontraba el cuerpo de la militante del Partido Comunista Uruguayo cuando fue entregada a sus familiares.
En la tarde del día lunes 20, el coronel retirado Chialanza, en tanto jefe de la Unidad donde fue asesinada Nibia, compareció ante el juez Vomero en la primera instancia judicial en la que comparece personalmente un militar en actividad en aquellos tiempos de dura represión.
También en este episodio nos encontramos ante un hecho de una gran resonancia simbólica. También aquí han transcurrido más de treinta años para que se avance sobre la oscuridad y la falta de datos. Se ha dado un pequeño pero significativo paso.
Hay terrenos sobre los que la sociedad hoy nada puede hacer. Lo que sí puede es avanzar sobre las tinieblas de la impunidad, del ocultamiento, de la mentira convertida en el dogma y la sentencia del Estado ante los reclamos de los familiares y los compañeros de las víctimas.
Es un paso fundamental. *
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