Nuestro renovado compromiso
Hoy, 5 de febrero, se conmemora un nuevo aniversario de la creación del Frente Amplio. Estos 35 años transcurridos y la instauración de un nuevo gobierno, hegemonizado por las fuerzas de izquierda, nos dan la suficiente perspectiva como para afirmar que aquel acontecimiento forma parte de los eventos más importantes de la historia política del Uruguay.
¿Es posible concebir un Uruguay sin la gesta artiguista?, ¿Qué esfuerzos imaginativos se necesitan para suponer a nuestro país sin la presencia de Batlle y Ordóñez, o sin las revoluciones saravistas? Entonces: ¿cómo imaginar el Uruguay contemporáneo sin la acción del Frente Amplio?, ¿o sin el liderazgo que por treinta años ejerció Seregni ?
Lo que más sorprende, puestos en esa mirada en perspectiva, es la capacidad de perdurar, de ir creciendo paulatinamente, de mantener sus rasgos y al mismo tiempo de transformarse.
Si algo hemos intentado, algunas veces en el acierto y otras seguramente en el error, ha sido ser leal a nuestras ideas y convencimientos. Sobre esa base, sobre nuestras decisiones, discutibles o no, de saber quedarnos solos, se basa nuestro certificado de lealtad. Cuando abandonamos el Frente Amplio lo hicimos con dolor y tristeza. Aún más profundos porque abandonar la coalición significó mantener en el descampado ideas y tradiciones que eran parte de la izquierda a la que nunca renunciamos. Y así fue que solos, sin ningún tipo de acuerdo, pacto o reunión secreta, una semana después de la primera vuelta de 1999, Rafael Michelini anunció nuestra posición para la segunda vuelta: «izquierda vota izquierda»
Hoy, con tranquilidad y alegría participamos de la reunificación orgánica e institucional de las fuerzas de izquierda que estamos comprometidas con la marcha del gobierno, en quien la mayoría del pueblo puso en sus manos la responsabilidad de hacer realidad las imprescindibles transformaciones que reclama el país y su gente.
Sí difíciles fueron los tiempos fundacionales, si terribles fueron los años de la dictadura, de los asesinatos, de la cárcel y la tortura, de las persecuciones y las prescripciones, hoy en nuestro nuevo y buscado papel de fuerza de gobierno, nos enfrentamos a un desafío en el que tanto el país, su pueblo y el Frente Amplio se juegan su futuro: no ser los verdugos de la esperanza que se depositó en nuestras manos.
Frecuentemente, exhibiendo una gran pobreza argumental, las fuerzas políticas conservadoras han acusado tanto al Frente Amplio como ahora al gobierno, de ser un conglomerado heterogéneo, con acuerdos y evidentes discrepancias, con enfrentados puntos de vista y opiniones. No pueden o no quieren terminar de entender que en esa diversidad, en ese abanico de opiniones, radica una de las claves distintivas de la izquierda uruguaya. Que ahí justamente está la vitalidad que la ha hecho perdurar, aglutinar fuerzas y conquistar el gobierno.
Bastantes ejemplos, y muy malos por cierto, existen de fuerzas o partidos políticos solamente capaces de actuar en la unanimidad, en el discurso ya previsto, en una noria argumental empobrecedora y aburrida.
Muy a menudo a lo largo de la historia, los grupos y organizaciones políticas de izquierda cedieron a la tentación de confundir Estado, gobierno, sociedad y partido político. Justamente, la riqueza de matices, de opiniones y puntos de vista, así como una amplia democracia interna, son los pilares sobre los que se sostiene la fortaleza de las organizaciones políticas, que asegura su actuación y vigencia, evita su vaciamiento ideológico, la rutina política y a la larga el abandono de las aspiraciones populares.
La derecha conservadora nos juzga por lo que ella hace, y sobre todo por lo que ha sido incapaz de hacer. Toda su campaña electoral estuvo basado en una campaña terrorista que anunciaba todo género de catástrofes en caso del triunfo del FA.EP.NM. Volvieron a la carga a las pocas semanas de asumir el Dr. Tabaré Vázquez. A prácticamente un año de asumido el gobierno no sólo no se han producido catástrofes sino que las esperanzas y expectativas, muchas de las cuales es cierto, todavía no han podido ser cumplidas, recorren el país. Hay esperanzas por los cambios que se han comenzado a producir, hay expectativas por las transformaciones que vendrán. Hay certezas de que este gobierno tendrá «tolerancia cero» con las distintas formas de corrupción con las que durante decenios se envenenó la vida política del país, se propició su decadencia y se pretendió convertir en sinónimos poder e impunidad.
Desde las responsabilidades que se nos han confiado, las mujeres y hombres del Nuevo Espacio entregaremos lo mejor de nosotros para poder hacer realidad las grandes transformaciones que todos reclamamos.
Han pasado 35 años desde la fundación del FA. Muchos de los firmantes de aquel compromiso histórico hoy ya no están. Nos han legado un compromiso que debemos cumplir.
Con lealtad, defendiendo nuestros puntos de vista, esforzándonos en comprender y respetar las opiniones ajenas, construyendo puentes que unan y no creando precipicios en los que nos hundamos, ensanchando esta gran confluencia de fuerzas políticas construiremos el país que estamos anhelando.
Es nuestro renovado compromiso. *
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