La necesidad del pragmatismo
El pragmatismo debe imperar y, por supuesto, dentro de ese camino hay que analizar las conveniencias del país y de su gente. Por ello nos preocupan las posiciones extremas, de quienes sostienen que es imperioso firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU, y quienes, colocados en la otra vereda, afirman lo contrario sin manejar unos y otros datos concretos que avalen sus expresiones de deseos.
Hoy por hoy, de acuerdo con las cifras proporcionadas por el propio Ministerio de Economía, el principal socio comercial de Uruguay es EEUU, que compró el pasado año productos uruguayos por 775.9 millones de dólares, cifra importante que ha servido para mejorar nuestra performance como país. Se trata de un socio comercial a tener en cuenta, especialmente como comprador de carnes, rubro que floreció gracias a la apertura de ese mercado.
Pero, ¿ese importante intercambio comercial significa que se deba alentar a ojos cerrados la realización de un TLC con el país del norte? ¡De ninguna manera, ya que las consideraciones deben ser muchas y afinadas! Existe una importante lista de productos –tal como lo ha afirmado el ministro de Relaciones Exteriores, Reinaldo Gargano–, más de 300, que no podrán integrarse al acuerdo. Entre ellos lana, cueros, textiles, zapatos, etc. ¿Un acuerdo de ese tipo le serviría realmente a Uruguay para mejorar sus exportaciones al país del norte?
Por supuesto, es un problema a despejar. Se debe analizar el tema, estudiando cada uno de los perfiles del asunto, sin sectarismos, sin posiciones antojadizas y tomas de actitudes previas. Un TLC no es malo de antemano, puede serlo si se comprueba que no nos favorece, si es negativo para la economía o vulnera nuestra soberanía.
Lo malo es que los uruguayos no tenemos métodos idóneos de discusión. Parecería que nos alineamos a favor o en contra de posiciones, por razones que nada tienen que ver con las razones y los argumentos técnicos. Muchos, al igual que algunos inconformistas como James Petras, calificarían de antemano de «traidores» a quienes aceptaran analizar las posibilidades de estudiar una problemática de este tipo. Y en algunos casos ocurre que muchos se oponen –para ser bien claros– porque la iniciativa es impulsada justamente por un ministro con el que disienten.
Quizás inmadurez, quizás «infantilismo», del que hablaban algunos teóricos del marxismo, como Lenin, hacen que nuestra sociedad en algunos aspectos se mantenga congelada, sin reflejos ante los cambios que se viven en los cuatro confines del mundo. Hoy Chile –país que es gobernado por un ilustre socialista, como es Ricardo Lagos y que lo será por Michelle Bachelet, otra socialista, con años de probada militancia popular–, tiene TLC con varios países e incluso EEUU. ¿Alguien cree que el país trasandino ha visto vulnerada su soberanía por tal cosa?
Lo que ocurre es que allí los temas se estudian sin anteojeras, con las mentes abiertas, para que las conclusiones a las que se arriben no estén encaminadas a favorecer lo foráneo, sino el interés nacional. *
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