Terrorismo disfrazado de acciones ecológicas

Las actitudes del gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti y de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, resultan intolerables. Los cortes de rutas y las amenazas constantes, se parecen más a acciones terroristas que a la defensa del medio ambiente que dicen proteger.

Busti agrega ahora la amenaza de una demanda penal a los directivos de las empresas Botnia y Ence, por el supuesto delito de daño ecológico.

Si realmente el gobernador entrerriano estuviera interesado en salvaguardar el entorno, daría respuestas a la continua mortandad de peces que se viene verificando desde mucho tiempo atrás en el río Paraná, pero ni él ni los integrantes de la Asamblea Ambiental, parecen preocuparse por el tema.

Tampoco los piqueteros de Entre Ríos manifiestan frente a las plantas de celulosa que funcionan desde hace muchos años en suelo argentino, que son vetustas, con menor tecnología y que realmente contaminan el entorno.

La decena de plantas de producción de pasta de celulosa y propiamente de papel, concentradas sobre el río Paraná (todas en territorio argentino) producen unas 850.000 toneladas al año. Muchas de ellas están instaladas allí desde hace 50 años, y utilizan ese cauce natural de agua para verter sus desechos tóxicos.

Juan Carlos Villalonga, director del capítulo argentino de Greenpeace, manifestó a la prensa algo que nadie cuestiona: «Es cierto que en Argentina tenemos este tipo de plantas y es cierto también que no son inocuas».

El empresario argentino Oscar Badano, fundador de la Corporación para el Desarrollo de Gualeguaychú, se manifestó contrario a las acciones de los integrantes de la Asamblea Ambiental, declarando: «No sé dónde vamos a llegar con el piqueterismo de cortar y romper rutas».

Badano, además, manifestó a la prensa que la preocupación de los ecologistas «fue inicialmente un movimiento genuino pero en el tiempo, el movimiento político de Entre Ríos lo usó».

El empresario entiende que «las plantas de celulosa deben instalarse, pero es fundamental exigirle los mismos controles que han manifestado van a cumplir a partir de 2007 en Europa».

Un descontrolado Busti le salió al cruce manifestando que Badano pretende exhibirse con declaraciones rimbombantes y sospechosas, dividiendo el frente interno de Entre Ríos y Gualeguaychú.

A su vez el diputado del Frente de Acción Popular de la Provincia de Misiones, Jorge Galeano, hizo contundentes afirmaciones sobre el impacto nocivo que las viejas y obsoletas plantas de celulosa de ese país tienen sobre el río Paraná.

El legislador expresó que las plantas que actualmente funcionan dentro del territorio argentino, «destruyen la composición química del suelo».

Galeano subrayó que el municipio de Posadas está consciente de la contaminación de las aguas del Paraná, al punto de recomendar a su población no bañarse en el río, no mojarse la cara con el agua, y en el caso de arriesgarse a entrar al río, no abrir los ojos bajo el agua.

Pero volviendo a Busti, se demuestra que no puede sostenerse solo, y en esto admite su debilidad a cada momento, al repetir constantemente que de sus acciones da cuenta a diario al presidente argentino.

El trato con la prensa de su provincia, tampoco es el mejor. Como ejemplo basta citar el desmedido ataque verbal contra el periodista Tirso Fiorotto, corresponsal del diario La Nación, cuando éste demostró que Busti, en su segundo mandato como gobernador, se había manifestado a favor de la instalación de plantas de celulosa en territorio entrerriano.

Las incoherencias del mandatario provincial parecen no tener fin.

Ahora acaba de enajenar 1.900 hectáreas en Entre Ríos, pertenecientes a la estancia El Quebracho, para facilitar por parte de la empresa Tres Arroyos, la instalación de una de las industrias más contaminantes en el mundo como es un frigorífico de cerdos.

Esta concesión arrastra otro grave hecho: la tala indiscriminada del monte nativo, casi en extinción en esa provincia, y del que sólo queda una mínima reserva en el norte de la misma.

Ante estos hechos comprobados; la mortandad de peces en el Paraná, los desechos tóxicos contaminantes que arrojan las plantas argentinas, las cuales carecen de modernas tecnologías, la instalación del frigorífico de cerdos, entre otros, hacen pensar que el silencio del gobernador y de la autodenominada Asamblea Ambiental de Gualeguaychú sobre estas realidades, tiene un fin sospechoso en el que habrá que indagar, y llegado el caso, iniciar las acciones que correspondan, porque esa contaminación llega al Río de la Plata y nos perjudica a todos.

Por lo pronto, el rechazo premeditado a los informes técnicos internacionales, y el no saber o no querer diferenciar lo que es una papelera, y lo que es una planta de celulosa, los torna peligrosos por ignorancia.

Para ellos, el daño ecológico que se produce desde Argentina, no les preocupa, tampoco los estragos que producen las plantas nucleares instaladas en ese territorio, que por falta de cuidados se pueden terminar transformando en un nuevo Chernobyl.

Pero eso es tema de otro análisis. *

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