La izquierda y un eventual Tratado de Libre Comercio con los EEUU
De acuerdo con diversos trascendidos de prensa el pasado lunes, el Presidente de la República habría encomendado al presidente del Frente Amplio, Jorge Brovetto, la organización de un debate interno en el seno de la fuerza política, para examinar la posibilidad de suscribir un tratado como el señalado más arriba.
La información agrega que el doctor Tabaré Vázquez habría reflexionado sobre el tema durante la semana pasada, sobre la base de una afirmación que también resulta de interés examinar.
En el desarrollo del gobierno progresista el Poder Ejecutivo se ceñirá a lo que surja de dos «Biblias»: la Constitución de la República y las resoluciones del IV Congreso Extraordinario «Héctor Rodríguez» realizado en diciembre de 2003 por parte del Frente Amplio.
Formulada en esos términos, resulta un hecho excepcional que se sustente que la línea de inspiración de las políticas del gobierno están, además de en la Constitución, en las resoluciones de un congreso que, conviene recordarlo, fue de acuerdo con los Estatutos del Frente Amplio, un congreso de comités de base. Un congreso, entendámonos, de militantes de base.
Las resoluciones de ese congreso democrático abierto, público, transparente, tanto en su composición como en su desarrollo, constituye hoy unos de los soportes doctrinarios para la acción estatal que impulsa el gobierno.
Hay que admitir que esta forma de funcionamiento no es moneda corriente en las formaciones políticas uruguayas. Y menos es práctica habitual cuando más cerca del poder estatal se encuentran.
En ese ampliar el horizonte democrático de los debates está la diferencia esencial del Frente Amplio con los partidos políticos tradicionales.
Veamos si no es así. En estos días, se han conocido declaraciones de dirigentes del Partido Colorado, entre ellas las del propio doctor Jorge Batlle, afirmando que el Partido Colorado está dispuesto a apoyar un acuerdo de Libre Comercio con los EEUU.
Como es obvio, el coloradismo, al menos como lo entienden sus dirigentes más reputados, podrá tener pocos o muchos votos, pero no hay instancias deliberativas.
La hubo antaño, cuando eran otros los Batlles que actuaban. Cuando se reunía la Convención del partido y su sola instalación constituía un hecho político, instalaba un punto de referencia obligado, para los colorados y los demás partidos y se definían las grandes líneas de acción política.
Y esta renuencia a convocar instancias democráticas se da, como si tal cosa, en una situación en la que el coloradismo está, y probablemente lo esté por largo tiempo, lejos de las responsabilidades de gobierno.
Por el contrario, las características de los procesos de acumulación política en la izquierda han pasado, casi siempre, por largos y abiertos procesos de exposición pública y debates abiertos.
La propia condición del Frente Amplio, de ser a la vez una coalición de partidos y un movimiento, impulsa a fomentar la animación y la participación política de sus componentes internos y, por ende, brindar instancias de decisión a los ciudadanos que son eso, ciudadanos y no funcionarios de los aparatos políticos.
Aparece así respetada y jerarquizada la discusión y elaboración política en el seno del FA. Más allá de la definición, a favor o en contra de un tratado, que es sin duda muy importante, el hecho sólo puede tener consecuencias favorables, tanto para la fuerza política que gobierna como para la profundización del respaldo ciudadano a la democracia uruguaya y sus instituciones. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad