Balance y perspectivas de un año trascendente
Este ha sido, sin duda, un año trascendente para la vida del país. En lo político, el más importante desde el 85. Incluso en algunos aspectos con mayor significación. Entonces se trató del retorno democrático, la restauración.
Ahora nos encontramos en un proceso de profunda transformación dentro del régimen. Por supuesto que admitir el hecho no implica aceptarlo como positivo. O tampoco negativo por entero. Es evidente que hay matices.
El nuevo gobierno ha logrado éxitos innegables. Por lo pronto no se produjo un colapso en lo económico. El país siguió funcionando. Es más, la economía volvió a crecer. Por supuesto que no al ritmo del año anterior, lo cual era imposible, pero sí a niveles aceptables. Es difícil suponer que otra administración lo hubiera hecho con mejores resultados.
El ritmo de la gestión fue en cierta forma desconcertante. Al poco tiempo de instalada la administración se tuvo la sensación de que era poco lo que había para ofrecer. Sin embargo, logró desde su perspectiva objetivos importantes.
Estuvo en el centro de la controversia el tema derechos humanos. La historia dirá si los resultados obtenidos implican una acción reparadora o abre un nuevo enfrentamiento, reflejo del que vivió el país hace muchos años. Hasta ahora el Ejecutivo ha salido con la suya.
Como era previsible, las mayores dificultades que tuvo la coalición que gobierna ha estado en sus propias filas. El resultado electoral, donde recibió mayoría absoluta parlamentaria, permitían predecir que ello iba a acontecer.
La gestión política ha sido buena. Las disidencias parlamentarias fueron de alcance muy limitado. En cierto sentido menores que las posibles teniendo en cuenta de que los sectores políticos que integran el Ejecutivo carecían casi por completo de una verdadera «cultura de gobierno».
A nivel de opinión pública es evidente que existe un apoyo fuerte al Presidente de la República, que trasciende estructuras políticas. El titular del Ejecutivo se presenta con la característica de ejercer el mando más como Jefe de Estado que de gobierno. El gabinete da sensación de estabilidad y tiene en la figura del Ministro de Economía una pieza importante en materia de credibilidad.
Se han aplicado cambios sustanciales pero también, con naturalidad y sin prejuicios, rectificado rumbos con respecto a los tiempos de oposición y de acuerdo a las necesidades nacionales en muchos aspectos. Era impensable que el Frente Amplio en el poder basara la estrategia de crecimiento y desarrollo en la inversión extranjera, sin embargo así lo está haciendo. Es tal vez este el hecho más positivo y que mejores perspectivas abre al país.
La oposición tiene un campo limitado, en la medida que es minoría en el Parlamento. Es evidente que el Partido Nacional se consolida luego de este año como la real opción de gobierno con que cuenta el país en el futuro inmediato. Con altibajos consolida una presencia que ofrece alternativas y perspectivas. Un nuevo liderazgo en Larrañaga. Acción inteligente del ex Presidente Lacalle, que se afirma como una persona escuchada y de peso, y vuelve a tener una presencia cada vez más notoria.
Es una colectividad en marcha. Que tiene diálogo con la sociedad, que escucha sus mensajes, y aún con un camino difícil, presenta opciones de futuro. Le faltaría consolidarse como una opción nacional que trascendiera a su propia colectividad.
El Partido Colorado está sin duda en la peor posición. En primer lugar como resultado de la elección del 2004, donde quedó en una situación muy complicada. Ser la tercera fuerza en un gobierno con mayoría parlamentaria absoluta propia es quedar afuera de las grandes decisiones. Muy distinto a cuando no existen esas mayorías. En tal caso el tercero en discordia gravita y lo hace intensamente, como ocurrió con el Partido Nacional en el último gobierno colorado.
Además el resultado, un diez por ciento de adhesión, fue terminante. Dos de cada tres ciudadanos que votaron en el 99 a la colectividad emigraron a otras tiendas para este evento.
Lo que ha ocurrido desde la última elección, para los colorados, ha sido peor que ese catastrófico resultado. No se tomó nota del mensaje de la sociedad y todo, en la interna, siguió como si nada hubiera sucedido. Una especie de «autismo» político que pone ahora sí en forma definitiva en peligro la futura existencia del Partido. Con un proceso serio de renovación igualmente era muy difícil todo. Con esta insensibilidad -en realidad ni siquiera se dieron por enterados- es casi imposible pensar en tiempos mejores y surge la inquietud de si tendrá representación parlamentaria en próximas legislaturas.
Por supuesto que las elecciones departamentales abrieron una expectativa favorable de renovación para los colorados. Sin embargo, luego de ellas, no se concretaron. Es imposible el triunfo de liderazgos emergentes si estos no son cuestionadores en lo interno y general. El proceso de ascenso al liderazgo no se realiza queriendo quedar bien con todo el mundo y aceptando lo preexistente. En ese caso no tiene sentido la sustitución.
El año concluye en lo político, imposible no aceptarlo, con logros significativos en el gobierno y su estructura política. Una actuación discreta pero aceptable del Partido Nacional. Sin que se vislumbre todavía una alternativa de carácter nacional al Frente Amplio. Y una interrogante muy seria sobre el futuro del Partido Colorado.
Cabe preguntarse entonces si nos encaminamos a un nuevo bipartidismo. Como el que de alguna forma vivió ya el Uruguay en la segunda mitad del siglo veinte, con el interregno de la dictadura, o vamos hacia una democracia con partido hegemónico. Algo parecido a lo sucedido en la primera mitad de ese siglo con el Partido Colorado.
En ambas opciones esta colectividad aparece, desde el punto de vista del poder, superada en forma definitiva por el Frente Amplio. *
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