El sugerente tÃtulo es del prestigioso novelista chileno Antonio Skármeta, en una nota de opinión que publicara ayer martes el matutino madrileño El PaÃs.
Para el autor de “Ardiente Paciencia”, la novela que luego fuera llevada al cine con el tÃtulo “El cartero de Neruda”, la victoria de la candidata socialista a la presidencia de Chile tiene una significación simbólica de enorme impacto. “Es, dice Skármeta, ella misma una metáfora viva de las variadas formas de zozobras de las vÃctimas de la dictadura militar, pero también de la energÃa moral y la habilidad polÃtica que repuso a Chile en la democracia”.
A Michelle Bachelet, “la adornan virtudes nada convencionales en un paÃs de tradición machista y cultivador de valores conservadores: es separada y sin hombre al lado que oficie ahora como primer damo, y ha tenido hijos de matrimonios diferentes. Es, además, médica pediatra, doctorada en la comunista ex República Democrática Alemana, hija de un general constitucionalista que colaboró con Salvador Allende, que no se plegó al golpe de Pinochet, que fue detenido y torturado hasta sucumbir como consecuencia de un infarto, y ella misma fue apresada y sometida a vejaciones. Como decenas de miles de chilenos, también partió al exilio y luego trabajó en la resistencia.
“Profesionalmente se fogueó en la exitosa Administración de Ricardo Lagos. Primero como ministra de Salud, donde hizo un desesperado intento por cumplir con el ultimátum que le habÃa dado el presidente de terminar en tres meses con las colas de enfermos pobres en los hospitales. No lo logró pero, en vez de morir en el intento, se granjeó el afecto de la gente, que supo apreciar su lucha contra el precario sistema de salud en Chile.
De allà se montó en un tanque que manejó con femenina sensibilidad: ministra de Defensa. ¡Qué manera de perfilarse entonces tanto ella como las Fuerzas Armadas del pospinochetismo! ¡La hija de un general torturado por sus propios camaradas de armas pasa a ser su comandante en jefe!” (….)
Y agrega el autor de “Il postino”: “No se puede negar que hay una sensación de que el énfasis de su Gobierno podrÃa estar puesto en conseguir más equidad, mayor justicia social. Por decirlo en fórmulas más tradicionales, hay una percepción generalizada de que Bachelet serÃa “más socialista” que Lagos, y que su Ejecutivo tenderÃa a acelerar la disminución de la brecha entre ricos y pobres.
Si ése fuera el propósito prioritario, la nueva lÃder chilena tendrÃa a su favor algo que no tuvo Lagos: por primera vez un Parlamento con mayorÃa de la propia Concertación que la llevó al poder. (…)”.
En el terreno de las valoraciones polÃticas, el autor señala las perspectivas en que habrá de moverse la nueva administración presidida por Michelle Bachellet, dentro del cuadro general de su paÃs y de nuestra América Latina.
Para lograr el cumplimiento de sus objetivos progresistas la flamante presidenta tendrá, opina el novelista, “que conseguir de sus ministros y asesores una insólita ecuación en América Latina: por una parte, no dañar el éxito alcanzado con polÃticas liberales que impulsaron su fuerte crecimiento económico, y por otra, movilizar esa riqueza en beneficio de los pobres, que han sido tolerantes con las “etapas” de la reconstrucción económica y polÃtica de Chile, y que sienten, probablemente junto con la presidenta, que es hora de que ellos se beneficien y se les alivien las urgencias”.
Es un excelente resumen de la significación y las enormes expectativas que la victoria de Michelle suscita tanto en Chile como en el resto del continente. *
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