¿Se puede quebrantar una injuria?
Que la instalación de plantas de celulosa en Fray Bentos se ha convertido en una pesadilla, nadie lo duda. Altisonantes declaraciones, acusaciones, amenazas, desmentidos, aclaraciones, protestas, iras, vienen sucediéndose desde que se anunció que fineses y españoles se proponían procesar celulosa a orillas del río Uruguay.
Para colmo de males, el espinoso asunto se vio contaminado por otras cuestiones relativas al Mercosur y al posible tratado de libre comercio con EEUU, todo lo cual ha convertido al canciller Gargano en blanco de las críticas de la oposición.
Quizá debido a esta tensa situación, los periodistas y analistas encargados de opinar y criticar al gobierno han visto alterada su capacidad lingüística. Digo esto porque leo, en una columna de opinión publicada en El Observador del viernes 13, lo siguiente:
«Los vilipendios que nos han infringido los gobiernos vecinos en el marco de la hermandad mercosuriana han tenido por réplica la incoherencia exterior del gobierno».
Tengo visto leyes, decretos, reglamentos, ordenanzas de tránsito y normas en general que son infringidas por ciudadanos que no respetan la autoridad majestuosa del orden jurídico. Incluso estoy acostumbrado a que los futbolistas infrinjan reglas de juego (esto es, cometan una infracción) y sean sancionados por el juez. Pero confieso que nunca había oído ni leído ni imaginado que alguien pudiera infringir vilipendios. Esa sí que es brava, ¿eh?
Me permito recordarle, estimado lector, que el verbo infringir significa, lisa y llanamente (según el Diccionario de la Real Academia) «quebrantar leyes, órdenes, etcétera». No olvidemos que de dicho verbo se derivan el sustantivo infracción y el adjetivo infractor. Como sinónimos podemos citar los verbos violar, transgredir, contravenir, incumplir o vulnerar. De donde se concluye que lo único que se puede infringir son normas, preceptos, órdenes, pactos o tratados.
Por su esencia semántica, el verbo infringir no puede tener otro complemento directo (esto es el objeto directo de la acción del verbo) que no sea una regla o una norma. Una botella, por ejemplo, se la puede llenar, vaciar o romper pero no infringir; un árbol puede ser derribado, podado o talado pero nunca infringido; una pasión puede ser alimentada o sofocada pero no infringida. ¿Estamos de acuerdo?
Por su parte, el sustantivo vilipendio significa «desprecio, falta de estima, denigración de una persona o cosa»; tenemos también el verbo vilipendiar, que significa «despreciar alguna cosa o tratar a uno con vilipendio», y el adjetivo vilipendioso, «que causa vilipendio o lo implica». Como sinónimos habituales podemos citar desprecio, humillación, injuria, insulto, denigración, desprecio, etcétera. De donde inferimos que un vilipendio puede ser hecho o efectuado; se puede cometer vilipendio; se puede vilipendiar a alguien. Entonces, lo que resulta incongruente es decir que alguien ha infringido vilipendios a otro. Muy probablemente, el escriba sufrió una confusión con el verbo infligir, esto es «causar daños o imponer castigos»: el maleante le infligió una herida en el hemitórax derecho. Aunque yo hubiera preferido emplear el verbo inferir para referirme a vilipendios: «Los vilipendios que nos han inferido los gobiernos vecinos…»
–Y usted, Mendieta, no me inflija más sufrimientos y mande la vuelta de una vez.
–¡Qué lo parió! *
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