Se puede atentar contra la historia pero no se puede detenerla
Aun lo inevitable hay que provocarlo, pero esta provocación siempre lleva un riesgo que, con frecuencia, sólo una minoría está dispuesta a correr. Pero si esta causa histórica es justa, tarde o temprano la mayoría lo terminará por reconocer hasta transformarlo en ley.
Felicitaciones a LA REPUBLICA y a todos aquellos que se comprometieron en carne y alma en una causa justa. No nos equivocamos cuando al comienzo del conflicto escribimos que «a diferencia de las huelgas y los conflictos de temporada, éste lleva el signo de un cambio, de una reestructuración». [LA REPUBLICA, 21 de diciembre, pág. 32: //www.diariolarepublica.com/2005/auto/plantillas/12/21/plantilla_a.mv?registro=9 ].
Acabo de leer en varios diarios de Montevideo esta confirmación que es recibida con entusiasmo, aunque tal vez todos los medios de prensa deberían haber tomado una posición explícita en este tema de trascendencia histórica para la democracia y para la cultura uruguaya.
En los últimos cuarenta años el concepto de «libertad» ha sido ideologizado por los sectores conservadores (con su punto culminante en los trágicos e hipócritas tiempos de la dictadura que me tocó en mi infancia vivir por dentro y por fuera y del que guardo una profusa memoria de ignominias y violencia moral), hasta convertirlo en un monstruo mitológico que devoraba cualquier reclamo de justicia social e igualdad de oportunidades.
Tan efectiva ha sido esta manipulación semántica que muchas veces los sectores que se ubicaban en la heroica trinchera de la resistencia terminaron por aceptar la resemantización del concepto hasta luchar contra los propios principios de libertad que defendían.
Por esta razón, por esta confusión, muchos caudillos y caciques sobrevivieron, amparados en la falsa promesa; paradójicamente, como defensores de los débiles.
Pero en una democracia progresiva (más que «progresista») la libertad no puede ser un privilegio de los jefes; la libertad no es incompatible con la justicia social sino uno de sus primeros requisitos.
El año pasado le dije a este diario: «Resiste y vencerás». Ahora le digo: tuya es la victoria pero nuestro serán sus frutos.
Hasta siempre. *
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