Escollos benefactores
Ocurre a menudo que el duende que suele frecuentar las imprentas se va a dar un paseíto por la redacción. En vez de divertirse trastocando los caracteres o cambiando las leyendas de foto, sus jugueteos tienen como centro las neuronas de los pobres cronistas, y es así que se producen cortocircuitos de consecuencias impredecibles.
Se puede llegar al extremo de expresar exactamente lo contrario de lo que se pretendía, como en el caso que transcribo a continuación:
«La comunicación libre garantizada por nuestra Carta Magna implica levantar los escollos y las barreras que impiden que la libertad de difusión sea coartada o limitada por intereses comerciales».
Parece obvio que de lo que se trata es de levantar las barreras que coartan la difusión de la información, pero la redacción del texto nos lleva a interpretar que tales escollos y barreras son positivas puesto que impiden que la libertad de difusión sea coartada o limitada por intereses comerciales. Siendo así, ¿por qué habríamos de levantarlos?
Pongámonos de acuerdo: digamos que los escollos y barreras impiden la libre difusión de las publicaciones (o la libertad de difusión); o, si no, que los escollos y barreras coartan o limitan la libertad de difusión. Pero no que hay escollos y barreras que impiden que la libertad de difusión sea coartada o limitada.
De lo contrario, si hubiera escollos y barreras que impiden que la libertad de difusión sea coartada o limitada, en vez de levantar tales escollos y barreras, sería más bien cuestión de mantenerlos, ¿o no?
Este tipo de confusiones es más frecuente de lo que se cree. Es común oír enunciados tales como «Es preciso evitar a toda costa que estos males no vuelvan a repetirse» o «Son todas medidas tendientes a combatir la represión del contrabando», en los cuales se expresa la idea inversa de la que se proponía transmitir.
Parecería que en la cabeza del emisor del primer mensaje se debatieran la idea de evitar que los males se repitan junto a la de desear que no se repitan; y en el segundo caso, coexisten la idea de combatir el contrabando junto a la de reprimirlo. El resultado es, como puede advertirse, catastróficamente humorístico.
Esto me recuerda a un amigo disléxico «con berretín de cantor» (aunque no de voz gangosa) que cantaba muy ufano «Â¡Qué falta de atropello, qué respeto a la razón!».
–Lo que habría que levantar son los escollos y barreras que el gobierno ha impuesto para que la gente deje de fumar, ¿no le parece, Mendieta?
–¡Qué lo parió! *
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