Construir el país productivo

No se empieza desde el cero: hay antecedentes, propios y ajenos. Las experiencias foráneas pueden servir de ayuda en cuanto a ser referencias. En la medida en que son un presente comprobado para ellos, pueden eventualmente ser parte de nuestra visión de futuro. Pero nada nos librará de la responsabilidad de organizar desde ya nuestras respuestas. Y eso no es nada fácil: un pasado cercano, del que hemos heredado este presente lleno de baches y lodazal, nos tironea permanentemente impidiéndonos levantar vuelo y practicar someramente la anticipación.

En ese esfuerzo por escudriñar el futuro y pensar en sus posibilidades, la intención se debate entre la comodidad de lo conocido y la inseguridad de las posibles decisiones. Por supuesto hay que arriesgar y eso quiere decir invertir. ¿Invertir en qué? Allí comienza ya la definición de qué país se quiere construir.

Entre la diversidad de respuestas que pueden existir, están aquellas que sostienen que no se debe desconocer nuestra realidad, pero tampoco podemos permanecer amarrados y condicionados a ella. La complementación de lo existente y ya conocido debe servirnos de base para incorporar lo nuevo.

¿Uruguay, país ganadero y agrícola? Sí, ¿por qué no? Pero no extensiva y primitiva. Por el contrario: moderna, intensiva, con importante incorporación de ciencia y tecnología, en el marco de dinámicas cadenas productivas que aumenten el valor agregado de esa producción. Serán nuevas situaciones que reclamarán flexibilidad y creatividad, individual y colectivamente.

Pero ¿cómo preocuparnos del porvenir si seguimos presos de las urgencias actuales? Basta recordar las cifras que se manejan para tener una visión de esa realidad. Son sorprendentes, casi increíbles por lo impensables. Sucede que nuestro país tiene limitaciones que son resultado de su pasado y de sus actuales niveles de desarrollo. Romper ese nudo que nos impide avanzar es el gran desafío.

Será necesario practicar una delicada operación quirúrgica para no perder lo valioso del pasado, para rescatar y acondicionar cuidadosamente todo lo que sirve y es ya terreno avanzado y, al mismo tiempo, ir incorporando lo nuevo, que demuestre ser adecuado y conveniente. *

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