Acerca del "peligro cubano"

Resulta sorprendente la reacción de algunos ámbitos profesionales y de dirigentes del Partido Nacional ante el anuncio del Convenio que habilitaría el traslado gratuito de pacientes uruguayos para ser tratados quirúrgicamente (y también gratuitamente) en hospitales cubanos.

Por un lado, desde el campo político, se desempolva el viejo paquete de intimidaciones y peligros que se supone rodean a las actividades que se realizan en La Habana.

Incluso cuando éstas se traten de cuestiones tan nítidas y transparentes como intervenciones quirúrgicas destinadas a mejorar la situación de pacientes que, desde hace largo tiempo, esperan infructuosamente para ser atendidos en Uruguay.

Se busca canalizar así lo que se ha malinterpretado como un ataque a los oftalmólogos uruguayos, con los viejos fantasmas ideológicos y de prejuicios frente al Estado y la sociedad cubana.

La ligereza con que, aún sin saber las características del convenio, se procedió a acusar a las autoridades del Ministerio de Salud Pública, da muestra de una cierta patética tilinguería e irresponsabilidad de algunos dirigentes políticos, que van llevando su gestión a un tipo de práctica circense, con la intención de mantener permanentemente al público «con el Jesús en la boca» ante los peligros que entraña la existencia en el país de un gobierno de izquierda.

Sumándose incomprensiblemente a este tipo de despropósito, un directivo de la entidad que agrupa a los médicos oftalmólogos manejó también con ligereza algunos de los aspectos que están en juego: (…) «la operación de cataratas se realiza con mejores técnicas en Uruguay que en Cuba, ‘donde hay más atraso en materia de técnicas oftalmológicas’. Dijo además desconfiar de que el traslado de pacientes no le cueste nada al Estado. «Ahora resulta que Cuba es un país rico y nos está dando una mano a nosotros que somos más pobres. Gratis no hay nada; seguramente, de alguna manera, se están pagando cosas».

Con gran manejo de datos y aplomo, el coordinador de salud del Ministerio de Desarrollo Social, doctor Gerardo Loerbeer, afirmó que ese convenio posibilita que las intervenciones se hagan rápidamente: «Esto no cuesta nada. Pero además el domingo ya se van a operar. Yo lo que preciso es eso. Estas personas lo que precisan es eso. No es esperar. Hacer una nueva lista de espera para ver cómo resolvemos esto».

Respondiendo a los reproches formulados desde el campo profesional, el doctor Loerbeer sostuvo: «En el diagnóstico siempre estamos de acuerdo. Y en este caso en particular no tengo nada que agregarle a eso (…).

Ahora, el tema no es responder a ese diagnóstico y por qué se fueron dando las listas de espera y por qué hace meses que hay pacientes que no se operan.

Tanto yo como el ministerio tenemos que ser coordinadores de una emergencia social. En este caso, para los pacientes, hay una emergencia. El riesgo real, social y sanitario, se debe resolver».

La utilización macarthista por el lado de la derecha política, unida a la expresión de intereses corporativos, pierde de vista la significación profunda, primero de la enorme deuda social que el Uruguay tiene instalada en sus entrañas. Y, en segundo lugar, el sentido de solidaridad con que las autoridades cubanas han encarado la proyección de sus avances en el campo de la medicina con una acción en el campo latinoamericano.

Alrededor de veinte mil médicos actuando, desde ya hace varios años, en las zonas más humildes de Venezuela (operación «Barrio adentro») es un ejemplo significativo de esta proyección solidaria.

Cuba no es un país rico, es verdad. No es tan rico como Estados Unidos ni como Inglaterra. Pero no hay ciudadanos ni soldados cubanos depredando en ninguna región del planeta. Eso también es verdad. Serán pobres en divisas. Ricos en sentimientos humanitarios y de concepciones latinoamericanistas y solidarias. *

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