Las papeleras o el fin del romance con Kirchner
Que en el problema internacional creado por Argentina sobre el tema de las papeleras a instalarse en nuestro país, es una insólita arbitrariedad de su parte, no hay duda. A nadie con mediano sentido común pueden convencer que unas fábricas a esta altura de tecnificaciones antiguas como son las existentes en territorio argentino, no dañan el medio ambiente. Pero si se instalan modernas en técnicas e infraestructuras de última generación, donde se han contemplado es de presumir, evitar todos los presuntos daños que puedan ocasionar, pero en nuestro territorio, Fray Bentos, entonces sí son perjudiciales y nocivas.
Hasta por su simpleza el argumento porteño es insostenible. El gobernador Busti, el presidente Kirchner y hasta el canciller Bielsa, que sostienen que nos quieren tanto, amenazan y llevan a estrados internacionales un contencioso, que de no mediar presiones arbitrarias de su parte a este tipo de niveles, es fácil deducir que lo pierden. Y lo saben como es lógico.
La «jugada» tratando de adivinar dentro de la ilógica de los argumentos, es posiblemente ganar tiempo. Un conflicto internacional de esa magnitud lleva un muy buen tiempo resolverlo. Cosa que los inversores cuyo principal interés es «mover» sus capitales e inversiones productivamente, no les sirve el esperar la resolución del conflicto.
La paciencia no es precisamente condición del capitalista que depende su negocio inversionista de la reproducción lo más aceleradamente posible de sus dineros. O sea, el temor de nuestra parte es que los reclamos y definición del tema lleve un tiempo demasiado extenso que perjudique la única inversión importante que en la inmediatez del tiempo este gobierno y el país todo tiene.
La magnitud de la misma, su fuente innegable de trabajo y el movimiento comercial e industrial, hace imprescindible su funcionamiento en un momento donde la crisis económica y por ende también tenderá a lo social, hace necesaria su puesta en marcha como asomo de esperanza futura. La numerosa y costosa delegación que el señor Presidente lleva al continente europeo se supone es con ese fin de hurgar en más inversiones que al día de hoy se nos está mezquinando. Sin inversiones no hay desarrollo y trabajo. O sea, los grandes capitales multinacionales y bloques económicos internacionales siguen mirando con desconfianza la nueva orientación política aunque en materia económica siga siendo la misma del gobierno. Sin perjuicio de otra realidad.
La implantación de los Consejos de Salarios con una gremialización política sindical de fuerte decisión, en pie de igualdad prácticamente con el propio Estado por encima de opiniones a favor o en contra, frena y atemoriza la gran inversión internacional. Es una realidad.
Nadie trae sus ingentes capitales a un país donde arriesga como patrón el perder conflictos futuros inevitables, quedando en inferioridad con los gremios. Máxime, cuando las mismas inversiones en países más ricos y seguros en esa materia por cierto delicada, los hay a montones.
Los capitalistas, por más «macanudos» que al principio aparezcan o se muestren, tienden a llevarse lo más que pueden con el mínimo de riesgos y conflictos.
Es una ley lógica del mercado. Un país chico y débil, de orientación política socialista, dicho con respeto, no tiende a inspirar la tranquilidad que los «leones» del gran mercado internacional en el fondo aspiran. Salvo claro está, que se les den u otorguen garantías proteccionistas y muy contundentes que les garanticen la tranquilidad a sus voraces ganancias.
Las multinacionales no son benefactoras sociales ni tienen patria. Por el contrario.
Son conscientes de llevarse las suyas: y del país que las sacan poco o nada les importan.
Son leones que no esperan y si se les necesitan, como en el caso nuestro, hay que abonar las pesadas gabelas del caso.
Y a eso apuestan los argentinos, demorando, trancando y obstaculizando el futuro de las mentadas papeleras que es obvio les darán incómodas competencias.
Y acá también se demuestra otra realidad.
Se pueden ser amigos, consustanciarse circunstancialmente en lo ideológico, prestar ayuda desembozada como se hizo electoralmente facilitando medios y hasta recursos fraternalmente con pasajes e influencias internacionales, hasta que se les toca el bolsillo. Allí mueren las amistades, las ideologías y cariños fraternos.
Alcanzó el negocio de Finlandia para que Kirchner, Bielsa y sus muchachos sufriesen de amnesia aguda con sus «amores» preelectorales frenteamplistas. Son todos amigos mientras el «poncho» está a la vista y no molesta. Si «desaparece» y se es competitivo los amores cosanguíneos, pasan a estar como la guitarra del inmortal tango: «colgada en el ropero».
Las diferencias entre los buenos y los malos es la necesidad de los débiles. Por lo dicho, no es buena cosa las radicalizaciones y agravios que pre y pos electoralmente se hacen muchas veces para justificar o explicar claudicaciones que se adoptan contra sectores y partidos que por diferencias que hubieren, siempre hay más afinidad que con los extranjeros por más argumentos intelectuales que se esgriman.
Porteños y brasileños son amigos mientras les convengamos. Pero vale no olvidar, que las «ovejitas y los cabritos» es muy peligroso que sean amigos de los leones.
La intención a la larga, es «morfárselos».
A la prueba me remito. *
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