Borrat y el cambio de look

Conmovidos –como el mundo entero– por los hechos acaecidos en torno al señor Marcelo Borrat, me permito comentar al menos este muy confuso episodio con ribetes absolutamente fantásticos, y no el primero del tipo sensacional a los que nos tiene acostumbrados la persona de marras. Aparentemente fue secuestrado y su cara cortada exactamente a la altura de las patillas, le pegaron, lo encañonaron con armas ¡con silenciador! y lo amenazaron por unas grabaciones que tenía, nos parece a estas alturas que con palabras de algún torturador del proceso, dada la magnitud y despliegue de la agresión.

Le conocimos personalmente hace poco, a raíz de una cámara oculta en la que se hizo pasar por inválido y donde resultó agraviado el nombre de nuestra religión; programa sobre el que pedimos aclaración y la brindó amablemente.

Es comprometido dudar de la realidad de lo que dice: ¡¿a quién se le puede ocurrir que invente?!

Menos aun en medio de una crisis tan aguda del sistema carcelario.

Con todo respeto y referente al secuestro, creo que cualquier parecido con esquizofrenia, paranoia, psicosomosis o desdoblamiento de la personalidad debe descartarse por medio de una rigurosa investigación, como forma de sostener la veracidad de hechos de los que no hay pruebas, a riesgo de su credibilidad, y teniendo en cuenta la profesionalidad y buena fe de muchísima gente que hoy lo respalda.

Aclaro que estas reflexiones en voz alta son fruto exclusivo de mi libre e inquieto pensamiento y no obedecen a ningún fanatismo. Sólo estoy evaluando hechos que de ser ciertos son deplorables y de no serlo también lo son.

Hay algo extraño, por decir lo menos, en el caso de las cortadas en la patilla al ex de Juramento Hipocrático. Tanta gente anda en cosas grosas, metida en temas riesgosísimos y no le hacen ni la mitad. ¡Tenía que ser a él! ¡Ni que supiera las internas del Pentágono!

Tal vez la aparente pusilanimidad del protagonista, sólo sea opacada por una frustrada vocación actoral que pone de manifiesto su personalidad poco común a la hora de mimetizarse con el personaje de turno, disfrazándose por dentro y por fuera de lo que venga. Todo indica que equivocó el camino y su destino hubieran sido las tablas de un escenario. Digo que las propias virtudes artísticas por él demostradas conspiran contra la seriedad del hecho relatado, y por todos esperamos que esto de una vez se aclare.

Golpes dijo que le dieron. ¿Dónde estaban? Los cortes, ¿se los hicieron con regla o con centímetro?

Al parecer, su arrojo y valentía son dignos de una corresponsalía en Irak, donde el número de muertos entre los trabajadores de prensa llega a 68 desde el comienzo de la guerra en 2003.

El caso es que Borrat, luego del infausto acontecer, y por el cierre de filas en su ayuda que hicieron organismos afines, logró instantáneamente su ascenso al estatus de periodista, antes generosamente brindado en el imaginario por tener dinero para pagarse un espacio en televisión, que no es lo mismo ni tampoco es igual.

Dejarse crecer la barba será el precio que deberá pagar por su osadía periodística.

Un bochorno. *

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