Los observadores y analistas coinciden unánimemente en destacar el resultado de las elecciones del domingo en Argentina como un triunfo del presidente Néstor Kirchner.
Mal que les pese a sus detractores de aquende el Plata, el polémico lÃder argentino –vapuleado por la prensa de la derecha que lo califica de “populista” igual que a Chávez– ha sabido granjearse, en los dos años que lleva en la Casa Rosada, el apoyo y la confianza de una considerable mayorÃa de ciudadanos.
El artÃfice de una solución al default que levantó airadas crÃticas de los popes económicos, ha demostrado que es posible (y la población ve con buenos ojos) ensayar respuestas nacionales que se apartan del recetario neoliberal para enfrentar las crisis causadas por el propio modelo. Es más, los indicadores macroeconómicos argentinos muestran una recuperación y un crecimiento espectaculares desde que Kirchner se salió del libreto fondomonetarista.
En esa misma lÃnea de independencia y de autonomÃa, parece encaminarse la polÃtica exterior liderada por Rafael Bielsa; la apuesta al bloque regional ya existente, la profundización de los lazos con Brasil y Venezuela, todo apunta a emprender el camino que conduce a la Patria Grande.
Por otra parte, Kirchner ha tenido la virtud de reencauzar a su paÃs por la senda de la dignidad. En materia de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, la derogación del indulto vergonzoso dictado por un Menem obsecuente significó la reactivación de los procesos contra los terroristas de Estado y la consiguiente vuelta a prisión de connotados criminales.
Desde luego que el paÃs enfrenta problemas y desafÃos. No será fácil abatir el desempleo ni reducir la brecha escandalosa entre ricos y pobres; pero el gobierno de Kirchner exhibe una voluntad sólida para ir resolviendo esos problemas asà como el de la inseguridad urbana. Precisamente este último (el del aumento de la delincuencia y la falta de seguridad) está en el origen de la alta votación alcanzada por Mauricio Macri en la Capital Federal. En efecto, los sufridos porteños prefirieron dar su apoyo a un personaje que supo canalizar ese descontento y convertirse en la expresión polÃtica de ese fenómeno que es el “blumberismo” y que resume la mentalidad del pequeño burgués abrumado por la violencia delictiva. La clase media desplazada, privada de su bienestar, añora épocas de prosperidad y no se resigna a ver disminuida su participación en el consumo. Si a ello agregamos el aumento de la actividad delictiva (secuestros, arrebatos, rapiñas, que responden a las mismas causas por las que la clase media se depauperó), fácil es explicarse las razones de la adhesión recogida por Macri.
En definitiva, siempre es preferible que los sectores sociales hallen a quien los represente polÃticamente. El apoyo al dirigente de Boca Juniors debe valorarse como una apuesta –probablemente equivocada, pero eso es menor– a una solución polÃtica a las dificultades que viven millones de porteños. Por más que Macri sea una expresión de la más pura derecha (hay quien habla del Berlusconi argentino), se trata de un polÃtico.
Este hecho parece confirmar que ha quedado definitvamente atrás aquella consigna de la crisis de 2001 “que se vayan todos”. Aquello era la expresión del peor desaliento, de la resignación, del bajar los brazos, todas actitudes propicias para la irrupción de soluciones mesiánicas al margen del ordenamiento legal y del sistema polÃtico. La alta participación ciudadana (más de 70 por ciento) corrobora esta percepción en un paÃs donde no hay sanciones por no concurrir a las urnas.
Hacemos votos por que los resultados del domingo permitan al gobierno profundizar su polÃtica y llevar a cabo hasta el final el proyecto de redignificación nacional. *
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