La indefensión de los lectores
En la edición de ayer el diario El País colocó en su portada como foto principal un operativo policial llevado a cabo por fuerzas de choque –que insisten con las capuchas– en el barrio «Cuarenta Semanas». Un observador extranjero podría pensar que la Policía uruguaya estaba procediendo a la detención de un terrorista o un capo del tráfico de drogas. Pero no, se trataba de un indigente que vive en uno de los barrios más pobres y estigmatizados de Montevideo. Para colmo, en el título de la nota se advierte a los inadvertidos lectores que el operativo se enmarcaba en la búsqueda de los integrantes de una superbanda existente sólo en la imaginación de uno o más cronistas. Peor aun, el diario caganchero no tiene más remedio que agregar en el título sobre la inmensa foto a cuatro columnas, que la Justicia los dejó a todos en libertad. ¿Y qué querían los editores y periodistas de El País? ¿Que el juez de turno enviara a la prisión a todo el rancherío sólo para justificar la foto?
Hace pocos días, el ex vicepresidente Gonzalo Aguirre, en el mismo diario, se mandó una bravata al escribir un artículo improponible diciendo que él sabía de buenas fuentes que había por lo menos cinco liberados por la Ley de Humanización de Cárceles que ya habían reincidido. Aguirre apostó a más y no le tembló el pulso para agregar que el Ministerio del Interior había ordenado ocultar información en ese sentido. Al notorio abogado le faltó una buena foto para acompañar sus dichos, o por lo menos el nombre de uno de sus informantes, para de esa manera redondear el libelo.
Aguirre, gran jurista, es un personaje a tomar en cuenta. Cuando un gran escándalo sacudió al puerto de Montevideo (con un ministro a la Justicia y todo), él asesoró a una de las dos empresas navieras en pugna y en sus ratos libres, sin firma, escribía editoriales en favor, por supuesto, de sus defendidos. Lo recordamos porque estábamos en la cocina y porque un sábado le dijimos al director Martín Aguirre «esto es vergonzoso. No puede salir publicado mañana como principal editorial. Si quiere, que lo firme y sale a un costado». Ese sábado en la tarde Washington Beltrán y Martín Aguirre «levantaron» el editorial de marras.
El incidente viene a la memoria porque no se puede actuar con tan poco tino cuando de temas tan sensibles se trata, entre ellos la seguridad pública. En esta materia tienen que intervenir periodistas especializados que sepan distinguir con precisión milimétrica –más allá del error humano, por supuesto– entre la información y la basura. En los últimos tiempos estamos asistiendo a un desenfado informativo que deforma a la opinión pública. Podrían citarse decenas de ejemplos más de información manejada a la marchanta como si sus lectores no tuvieran la capacidad de pensar. Pero en verdad da mucha rabia cuando periodistas y fotógrafos de ese medio meten sus narices en zonas marginales para tejer novelas baratas y acompañar procedimientos de amedrantamiento de mucha gente que vive humildemente pero que se gana la vida trabajando, aunque haya entre ellos algún que otro malandrín. *
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