Los errores de Larrañaga

La conducción que lleva adelante Jorge Larrañaga en el Partido Nacional es errática e incomprensible. En las elecciones internas de junio de 2004 le ganó cómodamente a Lacalle y lo sustituyó en la presidencia del Directorio, pero luego el que marcó la cancha fue el nieto de Herrera.

Lacalle no podía aspirar a tener cargos en ningún acuerdo con el gobierno y por tanto se ubicó en una cerrada oposición. Lo sorprendente fue que para no ser menos, Larrañaga lo siguió, olvidando que era el Presidente del Directorio, que se estaba a cinco años de las elecciones y que no podía desdeñar los cargos en los entes autónomos y otros en el Estado, que una larga tradición reservaba a la principal fuerza de oposición.

Hasta 1947 los cinco cargos en los Entes eran todos para el gobierno, pero ese año, Luis Batlle y Herrera hicieron un pacto que se llamó «coincidencia patriótica» por el cual el Partido Nacional tendría dos cargos en cada Ente, con lo que se sustituía el 5 y 0 por el 3 y 2, y en 1951 la Constitución del colegiado le dio categoría de norma constitucional. Y aunque en 1967 esta norma se derogó, los acuerdos entre colorados y blancos continuaron esta tradición hasta 2005. De los tiempos en que los legisladores de oposición tenían que hacer sus gestiones personalmente en las Cajas de Jubilaciones para atender a su gente, se pasó a tener sus representantes en los Directorios, no sólo para ejercer el control del gobierno, sino para tener su propio poder en el aparato del Estado.

Y para colmo, ahora se niega a nombrar a los miembros del Tribunal de Cuentas y de la Corte Electoral, para los que la Constitución exige dos tercios y por tanto son imprescindibles los votos de Larrañaga, con lo cual estos dos organismos de control, nombrados en 1994, continuarán con mayoría colorada, desconociendo el mandato de las urnas en 2004. Así pueden durar 15 años en sus cargos, lo que es una burla al Estado de Derecho.

Existe un proyecto del senador José Korzeniak por el cual se rebajaría la mayoría de dos tercios a tres quintos y pasados dos meses se podrían nombrar por mayoría absoluta, como sucede hoy con los entes autónomos. Y que ya se podría plebiscitar en 2009 y comenzaría a regir en 2010, terminando con el mal uso que hoy se hace de la mayoría de dos tercios.

En la democracia deben gobernar las mayorías, o sea la mitad más uno, y estas mayorías especiales sólo sirven para que gobiernen las minorías.

Y si lo que Larrañaga piensa es imitar al Frente Amplio, que llegó al poder después de una larga oposición, es bueno que recuerde que nuestra lucha comenzó con la organización de los primeros sindicatos y cooperativas, con la creación primero de la UGT y después de la CNT, con el Congreso del Pueblo, con el PIT, con los teatros independientes y con las mil formas de lucha que al final derrotaron a la dictadura.

Esta dirección errática de Larrañaga le hace mal al Partido Nacional, pero sobre todo le hace mucho mal al Uruguay. *

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