El miedo
Es evidente que los grandes intereses económicos, políticos y sociales, llámense imperios varios, usan los medios periodísticos, llamada «gran prensa», como elemento orientador y justificante de sus ideologías, intereses y abusos de poder, comprando o imponiendo sus voluntades por medio del miedo. Sea por la presión económica, préstamos crediticios, exoneraciones impositivas, la amenaza de cortes no, de avisos oficiales según las tendencias de turno, etc. Y en algunos países con el cierre o la eliminación física lisa y llana de periodistas y empresas.
Decir esto no es descubrir la pólvora. Lo saben todos los del oficio. Es reiterativo entonces afirmar que el cuarto poder, la prensa, decide la opinión pública. Se tenga o no razón. Y la fuerza o el dinero con el miedo a las consecuencias, mandan. De allí que el finado Jasser Arafat, los árabes en general, si son palestinos, irakíes o afganos con más razón, los vascos, los irlandeses, chechenos, venezolanos si son de Chávez (los de Carmona están exonerados) y todos los que se enfrentan a los poderosos imperios fácticos, son asesinos, dictadores y afines. Y a los que por ahí se les ocurra la peregrina y quijotesca idea libertaria y en el fondo nacionalista de defenderlos, somos tipos peligrosos, mal encarados, locos y hasta «relojeados» como simpatizantes terroríficos etarras y bolcheviques infectos. Brutal. Los escasos órganos de prensa, LA REPUBLICA es una excepción, dicho objetivamente, me conocen, que se da el lujo de tener ese gran periodista Niko Schvarz denunciando con información irrefutable y veraz los excesos imperiales y sus adláteres o salvando las distancias obvias, a quienes defendemos las independencias vascas, irlandesas, chechenas, latinoindoamericanas o afirmando que las guerras en Medio Oriente son para quedarse con el petróleo. Y la cosa, sin exagerar no queda por allí. Me consta, que se gastan influencias políticas partidarias por influyentes embajadas en épocas preelectorales por ejemplo, en contra de candidatos no sólo presidenciables sino también «de abajo». Valga la redundancia, ¡el que molesta, molesta!
También lo hemos dicho, los terrorismos no lo hacen sólo los débiles que son arrasados previamente o son sus pueblos sometidos negándoles el legítimo derecho a sus soberanas decisiones y libertades. Son en cambio, los grandes imperios los promotores del terror. Sólo Dios determina el futuro sobre la existencia de un pueblo. Sólo Dios tiene derecho sobre la vida o la muerte de un ser humano. Y sólo Dios está capacitado para defender el bien sobre el mal. Y ante Su tribunal supremo final, para los que somos creyentes, tendrán más argumentos favorables los que luchan por las libertades patrias, sus recursos legítimos, culturas y soberanías y demás derechos naturales, que los que amparados en la fuerza y el poder desbordante arrollan gobiernos y naciones creando el auténtico terrorismo. Kratos era el nombre de la diosa griega de la fuerza. Los ingleses le pusieron su nombre al operativo represivo con el que defienden Londres. Disparar sin previo aviso y «por si acaso» a la cabeza de cualquier sospechoso. Fue la orden. Le tocó en su comienzo a un pobre muchacho brasilerito, Menezes, que no era terrorista. Era un simple electricista. ¡Canallas, asesinos! No era sajón, rubio de ojos celestes! Era latino, morocho y sudaca! Todos los elementos irrefutables que bastaban al viejo imperio inglés, uno de los más sanguinarios, despóticos y depredatorios que el mundo ha soportado y aún soporta. Su siniestra historia, empezando por la famosa Torre de Londres donde se asesinó a criaturas y mujeres previas torturas monstruosas, siguiendo por la India del Gandhi o la piratería fomentada, protegida y premiada con títulos nobiliarios en la propia Inglaterra. Y hoy mismo, socios en los genocidios de Irak, Afganistán y Palestina sin el menor pudor o conciencia.
El atentado del subterráneo los puso nerviosos. Les tocó a ellos esta vez ser las víctimas como a los yanquis con las torres gemelas. No se imaginaron que las cosechas que cultivaron por décadas germinarían incluso en sus territorios.
Pero a lo que no hay derecho, si es que alguno cabe, no hay ninguno, es disponer de vidas preventivamente de inocentes como el brasilerito Menezes, hermano nuestro cuyo único pecado era hacer fortuna como sencillo electricista. Bueno es tener cuenta, que estos europeos y yankis, vuelta y media nos visitan pontificando sobre justicia social, democracia y derechos humanos, imponen en sus tierras el gatillo ligero para los que no son sus pares del viejo continente. Increíblemente los sudacas tan despreciados, vivimos acá más libres y seguros que en esas grandes naciones autopropietarias de justicias y democracias. ¡Hasta jueces europeos, ejemplo Garzón, vienen a juzgarnos y dictar normas! ¿Por qué los Garzones de Europa no explican o juzgan el asesinato de Menezes o de los miles de árabes mujeres y niños incluidos? ¿Por qué los Garzones, jueces de viejas togas, no publicitan las cárceles o mazmorras españolas llenas de patriotas vascos o las propias inglesas con irlandeses sin olvidar la de Guantánamo o del ejército yanqui con sus torturas en Irak? ¿Eso es lo que periódicamente nos vienen a enseñar? Claro, pensando de esta manera y lo que es peor escribiéndolo, somos peligrosos periodistas tal vez a sueldo de moros, eskaldunes, chechenos y latinoindoamericanos como Menezes. O sea, los publicitados terroristas imperiales. *
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