Infundios y tergiversaciones
En los últimos días se ha esparcido por el país una serie de presuntas informaciones sobre actividades o decisiones del gobierno progresista que sólo se pueden calificar con los términos del título de estos comentarios.
El carácter insidioso y malevolente de las especies lanzadas a la circulación resulta risible para cualquier ciudadano bien informado, pero no deja de provocar alguna zona de confusión, que debe ser disipada, actuando, una vez más, en nombre de la verdad de los hechos.
En un momento en que en el país se abren las puertas y ventanas que mantuvieron en secreto una gran cantidad, y calidad, de información, la circulación de infundios procura erosionar la contundencia de los hechos que hoy se abren a la pública consideración.
Esto es válido tanto en el terreno de los Derechos Humanos, cuando se lanza el brulote de la presunta decisión del doctorTabaré Vázquez de decretar una amnistía general para los militares, (inmediatamente desmentido) como cuando se pretende enlodar a figuras académicas y universitarias de prestigio, pretendiéndolos transformar en «historiadores oficiales» del poder.
También en el campo de la información económica y bancaria la maledicencia y los infundios, apuntados a sembrar cizaña dentro y fuera del gobierno progresista, debe ser condenada por el manoseo que supone y por lo delicado del carácter de las informaciones de este tipo.
Un capítulo especial merecerían las críticas infundadas y los ataques a los acuerdos económicos llevados adelante por el gobierno uruguayo con el gobierno constitucional de Venezuela, presidido por Hugo Chávez.
Resulta bastante claro que este tipo de acuerdo fraterno entre repúblicas latinoamericanas no es del agrado ni del gobierno, ni de la diplomacia de los Estados Unidos.
También es evidente que se están ejerciendo, sobre varias de nuestras repúblicas, el caso más próximo es el de Paraguay, presiones de todo tipo, apuntadas a evitar el desarrollo de una nueva propuesta latinoamericana.
Una propuesta basada en la integración, en la mutua cooperación entre los pueblos y en el rechazo a la hegemonía estadounidense.
En ese sentido, los infundios y las tergiversaciones contra los gobiernos progresistas que emergen en la región no son inocentes. Tienen como centro impulsor las fuerzas conservadoras de dentro y fuera de nuestros países que se debaten intensamente por el inmovilismo, contra cualquier cambio de signo nacional y popular.
Estas campañas son de sobra conocidas, y desde hace mucho tiempo, en América Latina.
A menudo, ellas aparecen hilvanadas a través de las cadenas internacionales de noticias y formando parte de operaciones político diplomáticas que a menudo tienen un desenlace militar, como ocurrió, no hace mucho tiempo, en Haití, en Granada, en Panamá y un largo y doloroso rosario de etcéteras.
La rapidez con que se desmintieron algunas de estas formas sibilinas de agresión resulta fundamental para cortar de raíz la propagación de especies destinadas a intoxicar a la opinión pública.
También es importante la actitud de atención y alerta que deben desarrollar todos los interesados, pertenezcan al partido que pertenezcan, en mantener vigente en el país una democracia con reglas claras y juego limpio.
La desinformación capciosa suele ser uno de los primeros pasos de las derechas cuando ya no son capaces de sostener el juego limpio. Enturbiar la cancha es para ellos, entonces, un recurso al que apelan con irresponsable frivolidad. Habrá que estar atentos. *
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