Contumaces relapsos
Durante dos décadas, en nombre de la gobernabilidad primero y luego ya en contubernio expreso bajo el nombre de «coalición de gobierno», blancos y colorados se presentaban ante el electorado como dos partidos, para imponer un único programa de gobierno.
En esos veinte años asolaron al país con negociados y prebendas, corrompíeron todo lo que tocaron. Baste recordar cómo lograron confundir a la opinión pública de la inviabilidad de Pluna, a la que durante el año previo a su «asociación» con Varig, le hicieron perder millones de dólares llenando los aviones con pasajeros ñoquis, amigos, amigotes y queridas que viajaban a Europa de garrón, con pasajes regalados por los directores… Pero luego, al asociar a Pluna, lo hicieron de tal forma que teniendo la mayoría de las acciones, el Estado no tenía gerenciamiento en la empresa de aviación.
Pero además, como si fuera poco, separaron el área de servicios de aeropuerto que administraba el Ente, todo el negocio de arrime de escaleras, suministros de abordo, que permitían al Estado uruguayo sostener los déficit naturales de la compañía de aviación sin inventar un subsidio en el presupuesto.
Porque no sé si sabrá el lector que la aviación sólo es viable si los estados la subsidian de diversas formas, en todo el mundo. Los uruguayos habían inventado sostenerla con los proventos generados por los servicios de aeropuerto a otras compañías. Pero la privatización de éstos venía siendo reclamada por agentes externos desde tiempos de los militares sin que éstos cayeran en tal acto de vandalismo económico.
Los genios del lacallismo vernáculo le dieron a Varig la oportunidad de separar en otra empresa la gestión de aeropuerto que hacía Pluna, de tal forma que Pluna compañía de aviación se convirtiera en un negocio ruinoso al cual el propio Estado debió en reiteradas oportunidades salvar de la quiebra con millonarios auxilios.
Mientras que la otra pata del negocio, la más jugosa, era puesta a resguardo con otra forma jurídica. Pluna perdía pero Candysur salvaba la parte buena del negocio que antes tenía Pluna .
Pero lo que no pudieron entregar debido a la resistencia del pueblo en esforzados plebiscitos, trataron de arruinarlo, minimizarlo. Así a Ancap le demolieron el Espinillar, le desmantelaron la Planta de Mac Pay de villa La Paz en Colonia, única maltería de whisky de Sudamérica a salvo del monopolio de Seagran. Le privatizaron la división alcoholes y se les fundió, entregaron a los Peirano las bodegas Joanicó, con sus cepas vitivinícolas selectas para coñac…
Vaciaron los bancos públicos entregando sus fondos a amigos y parientes. Préstamos dados a contumaces morosos o con garantías ridículas o volátiles. Al Banco de Seguros lo boquetearon por diversos flancos. Desde los pagos de siniestros fraudulentos, a la toma de decisiones absurdas como el desmantelamiento del Departamento de Vida, el invento de bonificaciones geográficas en el departamento de automóviles sin respaldo estadístico, el abandono de la fiscalización en seguridad laboral en la década en que se instalaba en el país, gracias a millonarios subsidios, la mayor máquina de picar carne humana, la industria forestal, etc., etc.
Si a fines de los sesenta Peirano Faccio fue ministro colorado, habiendo ya quebrado dos bancos; si Jorge Batlle coloca de ministro de Economía a un buen funcionario de la Asociación de Bancos; si el Banco Central dejó que la corrida se llevara el sesenta por ciento de los depósitos, cuando en Argentina unos meses antes los acorralaron cuando fugaba sólo 20% , mientras nuestro inefable Presidente aseguraba que «los argentinos son todos ladrones».
¡Nadie puede acusar a tantos caballeros de rancios apellidos de corrupción dado que no han emigrado con los faltantes de caja y al contrario, con soberbia nos dicen que lo perdido es ganancia! Puesto que pese a todo esto, nadie siente vergüenza, nadie pide perdón y con soberbia rayana en la locura, piden para sí mayorías en los organismos de contralor del Estado.
Se quejan de haber sido despojados por el pueblo de los cargos de confianza pública, de los brazos de yeso de las mayorías parlamentarias instaladas con el voto popular explícito y no con fulleras coaliciones, etc. Podemos sospechar que nos encontramos ante un fenómeno de posesión demoníaca que aquellos tribunales de la fe sólo confiaban a las llamas para su redención.
En esa época se les llamaba contumaces relapsos, o sea porfiados reincidentes en el pecado y la herejía.
Semejante locura política, en estos tiempos de democrática tolerancia –como gustaba decir Sanguinetti– sólo puede convocar a la hilaridad, lo contrario sería verdaderamente medieval. *
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