Integración latinoamericana: pasos hacia la utopía
El pasado jueves 28 tuvo lugar la clausura de la I Macro Ronda Bilateral de Negocios Venezuela-Uruguay.
Durante tres días, empresarios y autoridades gubernamentales de ambas naciones trabajaron intensamente para profundizar las relaciones comerciales entre los dos países. En algunos casos, se trató de establecer vínculos que permitan abrir el mercado venezolano a productos uruguayos que hasta hoy no han tenido acceso al mismo; en otros casos –productos que ya se exportaban al país caribeño– se impulsaron acciones tendentes a la incrementación del volumen de negocios registrado hasta entonces.
Los resultados de esta ronda son por todos conocidos y permiten abrigar la saludable esperanza de que el intercambio comercial entre los dos países aumente y se fortalezca. La sensación generalizada entre el empresariado uruguayo que participó en la reunión es de franco optimismo, y la opinión casi unánime es de reconocimiento al gobierno uruguayo por su compromiso con las gestiones comerciales; la presencia de altas autoridades nacionales en Caracas, el papel desempeñado por nuestra Cancillería y nuestra embajada en Caracas, son destacados por los empresarios como muestra de la preocupación del gobierno del doctor Vázquez por asistir y apoyar por todos los medios el éxito de las negociaciones.
Pero más allá del aspecto meramente comercial –nada despreciable por cierto–, el evento adquirió una notoria relevancia desde el punto de vista político.
El hecho de que la delegación uruguaya haya estado integrada nada menos que por el vicepresidente de la República, acompañado de legisladores, intendentes y jerarcas de diversas reparticiones estatales, habla por sí solo del interés de nuestro gobierno por jerarquizar el encuentro. Asimismo, del lado venezolano se otorgó al evento una relevancia extrema, al punto de que el propio presidente de la República asistió al acto de apertura de las negociaciones, oportunidad que aprovechó para pronunciar uno de sus polémicos discursos.
No es propósito de esta nota entrar a analizar algunos pasajes del discurso presidencial que pudieron generar ciertas rispideces y escozores.
Pero sí corresponde resaltar que, evidentemente, el gobierno venezolano ha querido dar a esa ronda de negocios el carácter de piedra fundamental sobre la cual construir la integración latinoamericana; una integración que trasciende los aspectos económicos y que aspira a realizarse también políticamente. Tal parece ser la estrategia del gobierno encabezado por el comandante Hugo Chávez.
Junto a la defensa de los recursos naturales, de la producción nacional, de los intereses económicos en general de las naciones latinoamericanas, la propuesta parece apuntar, también, a la conformación de un bloque capaz de oponerse a los intereses hegemónicos del imperio. No en vano el gobierno de Chávez se ha embanderado de manera inequívoca en contra del ALCA y es por eso que busca las alianzas necesarias para derrotar el proyecto imperial mediante la propuesta alternatica del ALBA.
Doscientos años después de formulada por los prohombres que sacudieron el yugo colonial español, la utopía bolivariana y artiguista de la Patria Grande latinoamericana recobra nuevo impulso y quiere echar a andar. Será un camino lleno de dificultades; un camino sembrado de obstáculos ubicados allí por el imperio y las burguesías nacionales que se han prestado desde siempre a servir de peones a los intereses del amo. Pero es un camino que vale la pena recorrer. *
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