Defender el derecho a la diversidad
La laicidad en no pocas ocasiones se lo confunde como un tema alrededor de lo religioso o de la pugna confesional versus Estado secular, pero es más que eso.
La separación de la Iglesia y el Estado marca la opción del Estado de no tener una religión oficial. Fue la lucha del siglo XIX, en Uruguay, contra una de las secuelas de la época de la Colonia. tanto en nuestro país como en otros de América Latina, las clases intelectuales y liberales de aquel tiempo vieron en el protestantismo una herramienta para terminar con las síntesis cultura y religiosa de la Iglesia Católica Romana.
En ese momento no se pensaba en la separación de Iglesia y Estado sino en la libertad y diversidad de pensamiento, donde lo religioso era uno de sus componentes. La Iglesia Metodista, como otras en el continente, surgió en medio de esta polémica.
La dualidad de la Iglesia Católica Romana, de ser por un lado extensión del Estado Vaticano y por otro Iglesia, significó en los hechos la intromisión de un Estado dentro de otro Estado. Para tenerlo más claro podemos echar un vistazo a la Argentina, donde el Presidente es impugnado por el Vaticano y su Cardenal por remover un obispo castrense porque ese es un tópico que compete al Vaticano.
Por otra parte ocurre que la Virgen sea Generala y gane sueldo de General del Estado Argentino y que el Estado subsidie a la Iglesia Católica Romana en sus funciones.
En cuanto a la separación de Iglesia y Estado hay, por lo menos, dos modelos. En países como Estados Unidos y Brasil, ha significado el respeto a la igualdad de las distintas confesiones, pero se admite la celebración y participación por el Estado en actos religiosos.
Distinto es el de Uruguay, donde el Estado mantiene igualdad de relaciones con todas las confesiones y hay una abstención total a la celebración, por parte del Estado, de actos litúrgicos. Quizás este sea el más se acerca al de Francia.
Sin embargo la laicidad del Estado va más allá.
Significa la aceptación de la diversidad y el respeto de las ideas y filosofías.
Las Confesiones religiosas forman parte de esto como también las posturas políticas y culturales. El Estado es guardián para que símbolos u otras manifiestaciones no aparezcan como preferencia del Estado o dañen, en el ámbito público, la libertad de los demás.
Los acontecimientos de abril, alrededor de la muerte de Juan Pablo II y la decisión del Estado uruguayo, a pedido del Arzobispo de Montevideo; de trasladar del ámbito privado al ámbito público la estatua del Papa, viola los principios del Estado Laico y los criterios del país sobre la erección pública de monumentos a personalidades que, según legislaciones vigentes, deben pasar no menos de 10 años después de su muerte.
La acción de la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (FIEU) de cuestionamiento a esas decisiones y otras, recibió un tremendo apoyo en todos los círculos, simplemente porque llenaba un vacío que existía y porque las iglesias pueden hablar sin caer en banderías políticas o sectoriales.
No faltó la crítica, de quienes creen que la discusión debe ser con algunos y no con todos.
Recibimos el mensaje de que en el país hay cosas más importantes para resolver y ocuparnos.
Sería lamentable caer en que es uno o lo otro. Hay asuntos serios a los que debemos apoyar para que cambien; como el hambre, la falta de dignidad hacia muchos, la recuperación de derechos y la recuperación de los muertos/desaparecidos.
Pero esto no puede hacerse sin la defensa de la diversidad y la laicidad que permite pensar distinto.
El Vaticano lanzó, hace unos 10 años, la nueva tesis de la «laicidad integral», fuertemente auspiciada, este año, por la Facultad Pontificia del Uruguay y el Opus Dei.
Esa posición sostiene que para que exista realmente libertad para las Iglesias, el Estado debe velar que estas tengan los recursos y las facilidades para ejercer al máximo su ministerio.
En otras palabras, lo que está escondido detrás de ese argumento es la financiación de escuelas confesionales y actividades religiosas. Reveladoras fueron las palabras de Monseñor Cotugño en la instalación de la estatua del Papa:… «esta es una verdadera muestra de laicismo integral»… dicho de otro modo, «el Estado ha accedido a nuestro pedido y se encargó de pagar todos los costos de tal idea.»
Los profetas debieron levantar temas que los llevaron a defender lo esencial, a pesar de que con eso no fueron populares en la corte del Rey. Como Iglesia, sin dejar de apoyar todo lo que sea para bien del pueblo, debemos levantar los temas que defiendan lo conquistado y trascienden a nuestro tiempo. *
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