La gestión como camino
Como era de esperar, las demandas populares han comenzado. Los eternos agoreros del desastre, hoy en la oposición legislativa, ya hablan de la «argentinización» o del peligro que significa coartar la libertad ambulatoria, palabras que sólo denotan el miedo a la movilización popular.
Afortunadamente, en esta elección quedó claro que nuestra fuerza política que nació con la movilización se sustenta electoralmente, en los sectores pobres de la sociedad. Con muchos años en la vereda de enfrente, con errores e inexperiencias, el Frente Amplio Progresista, desde el gobierno asume en base a prueba y error la difícil tarea de gobernar, y por si fuera poco, sin recursos. Para aquellos ciudadanos acosados por el hambre, para COFE, y para muchos votantes y militantes que esperaban soluciones mágicas, o una mayor rapidez en la solución de sus necesidades, la realidad es un trago amargo, del cual, el presidente, doctor Vázquez, advirtió al asumir y antes, en plena campaña.
En los últimos cortes del tránsito en demanda del pago del Ingreso Ciudadano, la actitud de los funcionarios que fueron a dar la cara es muy loable, ya que lograron, con el diálogo, desmontar la protesta. Es el estilo de una nueva forma de gobernar, que los opositores de hoy no gustaban de practicar. Estilo de responsabilidad y atención de demandas que seguramente no se doblegará ante los «manijeros». Los acampados del palacio, agrupados en Madur, se negaron a dialogar con el Presidente y los ministros, en una actitud sólo explicable por una mezcla de inexperiencia, bronca y desesperación.
Por contraste nos viene a la memoria la famosa «modernización» del país, que resultó ser: un Banco Central sin controles, partidas en OSE para gastos discrecionales, ingeniosas categorías de ingreso o vinculación con el Estado para continuar el clientelismo, despilfarro en autos, licencias, viáticos y celulares.
Una habilidad extrema para «gambetear» la ley, quedar en el filo, o traspasarla. Nos quisieron hacer pasar una foto de las llamadas por un cuadro de Figari.
Lo cierto es que a ciento y pocos días de gobierno tenemos en caja pocas chirolas para repartir entre los sectores que tironean de esta frazada corta y rota. La reforma del Estado se hace necesaria y se impone como proyecto. Es fundamental, además, corregir la comunicación, y la coordinación, entre, y hacia afuera del gabinete. Se anunció una muy importante reforma de la DGI, de la que los inspectores tomaron nota por la prensa.
Hace unos cuantos días, en el Hospital Filtro se realizó una reunión, entre pacientes, médicos, público y funcionarios, en la que sí, se participó y se conversó acerca de cómo mejorar los servicios.
En la Ciudad Vieja se inauguró el sistema de trasbordos –aún– en fase experimental, arrastrando tras de sí una violenta y agria disputa en el CCZ 1, entre el presidente de la Junta Local, concejales, y vecinos comerciantes de la calle Colón. Unas 6.000 firmas juntadas por los comerciantes y el estado de debate y resistencia al cambio, nos indican la sana y vigorosa participación de los vecinos en defensa de lo que entienden justo. Pero la falta de acuerdos o propuestas alternativas, es notoria y preocupante. Podría resultar interesante estudiar un proyecto de traslado de los comercios, que languidecen en el actual tramo de Colón, a los alrededores del mercado del puerto, verdadero polo de atracción de argentinos, brasileños y turistas de cruceros, juntando a la IMM con el ministerio.
Eduardo Platero, histórico de Adeom, también es de los que reclama la participación de los funcionarios en la gestión de la comuna y está señalando las dificultades reales que presenta la desconcentración de servicios en los CCZ.
El doctor Ehrlich, flamante intendente, reflexivo y conciliador, expresó a quien lo quiera oír, que considera a los trabajadores «pieza fundamental de la gestión municipal».
Todos estos temas tienen un común denominador, y es la preocupación frente a un Estado nacional desquiciado y fundido en el que los casos de mala administración, corruptela y despilfarro, obligan a profundizar su reforma y pensar en la mejora de la gestión como una única vía de escape hacia adelante, para generar credibilidad nacional e internacional. Esta tarea, histórica, implica superar el tradicional voluntarismo de la izquierda, para el que la penosa situación del país no tiene margen, por unos modernos y más ventajosos procesos de gestión óptima.
En algunas comunas de Japón, las plazas se hacen sin sendas peatonales. Es el público con su uso quien marca las trillas más prácticas. Pasado un tiempo sobre ellas se pavimentan las definitivas. Sencillo, práctico, y de bajo costo. En Uruguay, las plazas y los espacios públicos se diseñan, y se ejecutan a totalidad, y luego aparece una trilla, que generalmente corta longitudinalmente el pasto como una cicatriz, que es la que la gente elige, para acortar camino.
Podríamos hacer una larga lista de trámites, obras y situaciones en los que la falta de racionalidad y sentido común es la norma. El ejemplo de las plazas es sólo una imagen, y el listado no lo haremos por conocido. Los contenedores de basura han resultado una excelente solución para vecinos y peatones que hoy sí tienen un lugar para depositar residuos comunes. Recordemos que la anterior directiva de Adeom se opuso a los recipientes, entre otras cosas, por las relaciones que la administración Arana no pudo o no supo construir.
La integración de los funcionarios de Adeom hará que las futuras ventajas a los vecinos en materia de servicios no sean vistas como amenazas por el gremio.
Los temas de gestión deben empezar a entenderse como procesos estudiados, exitosos y sistematizados y no como simples reuniones para «ir viendo sobre la marcha», lo que significa ni más ni menos que seguir sin planificar.
Ir hacia un Estado ágil, hábil en su funcionamiento, desburocratizado, con normas fáciles de entender y aplicar, es una tarea revolucionaria.
Los grupos de participación y gestión son de integración voluntaria y consultiva, y se forman por departamento o sección para acortar tiempos y calificar los esfuerzos, provocando ahorros a la vez que obligan a modificar y simplificar edictos o leyes. La IMM puede ser un buen banco de pruebas que ordenará y dará estructura a grupos de personas, que acotadas específicamente a la mejora de su área específica, proporcionará, sin ningún lugar a dudas, mayores soluciones que los intentos que contemplan partes del problema o lo contemplan en forma aislada. Como todo proceso, debe ser dirigido y monitoreado. Es una buena idea que deberíamos empezar a considerar. *
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