Los partidos políticos y los desencuentros con el Ejército
Una breve declaración de la Mesa Política del Frente Amplio, aprobada el día martes y publicada en la edición de LA REPUBLICA del día de ayer, da cuenta de un hecho significativo de esos a los que no siempre se les presta la debida atención: nos referimos a la circunstancia de que en medio de un debate público sobre el papel de las FFAA, un partido político, en este caso el Frente Amplio, pida la palabra para expresar su pensamiento.
Al hacerlo está enriqueciendo el debate pues lo que el partido político puede exteriorizar no tiene las limitaciones que para el elenco de gobierno, sujeto a otras reglas de juego, tiene el expresarse sobre temas polémicos.
El partido, en tanto formación política, dotado de una historia, de una ideología y de un programa de gobierno, está en condiciones y en la obligación de emerger como un punto de referencia público, un hilo de razonamiento dirigido tanto a sus militantes y simpatizantes como al resto de la ciudadanía.
En ese sentido, la expresión pública de una orientación política es una contribución al debate democrático en el cual los partidos políticos tienen un papel específico que desarrollar, claramente diferenciado de aquellos funcionarios o mandatarios que tienen la responsabilidad de conducir la gestión global del Estado.
Para un partido político como el Frente Amplio, cuyo programa sintetiza y orienta la voluntad de cambio de la sociedad uruguaya, esta acción autónoma como partido político es imprescindible, pues contribuye a la oxigenación de la coyuntura política, a aportar al esfuerzo de la Administración de un «pulmón» que respira en el seno de la sociedad, que procura influirla con sus ideas y ser receptivo a sus ansiedades y demandas.
En síntesis, no hay democracia verdadera sin la existencia de estos pulmones simbólicos que son los partidos, sin estas «usinas» de pensamiento y acción que tienen una vida propia, que hacen público su pensamiento y lo exponen al juicio de la ciudadanía en las instancias democráticas de las elecciones nacionales o municipales, los plebiscitos o las recolecciones de firmas tras tal o cual demanda.
La encrucijada política y los movimientos en el campo militar que examina y resuelve el gobierno constituyen hechos de cierta importancia. Resultan significativos el silencio del Partido Colorado y del Partido Nacional sobre estos temas, siendo que la composición actual del alto mando militar es obra y gracia de los gobiernos blancos y colorados.
Lo mismo se podría decir acerca de las ideas prevalecientes en la cúpula militar.
Esas ideas no han sido inoculadas por el actual gobierno sino que son el fruto de la política militar, la política de ascensos y de programas de estudio en las academias militares que impulsaron los señores Sanguinetti, Lacalle y Batlle.
Quizás la declaración formulada por la Mesa Política del Frente Amplio, publicada en el día de ayer, resulte un acicate para los demás partidos y que éstos se lancen a un debate desarrollado con altura acerca de las opciones políticas e ideológicas que el país tiene en el orden del día.
Finalmente, en la declaración frentista que comentamos se formula un llamado «a su militancia y estructuras partidarias a fortalecer su capacidad de movilización y diálogo con la sociedad, que nos permita difundir nuestros ideales y objetivos, y recoja el real estado de ánimo de la población.»
La democracia que el país necesita en una hora como esta, de relanzamiento y recuperación en todos los terrenos, contiene como factor imprescindible ese «fortalecimiento de la capacidad y movilización y diálogo con la sociedad», de la que habla la declaración comentada. *
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