En el ascensor con Juan Raúl Ferreira

Sorpresas te da la vida. Me encuentro en el ascensor con Juan Raúl Ferreira. Justo ese día, unas horas antes, los defensores del dictador Juan María Bordaberry habían solicitado al juez penal la presentación de las actas conteniendo las declaraciones efectuadas por Wilson Ferreira Aldunate ante una comisión de la Cámara de Representantes de EEUU el 17 de junio de 1976. Me manifiesta su perplejidad ante el hecho porque en esa instancia su padre acusó directamente a la dictadura uruguaya, en la persona de Bordaberry y del canciller Juan Carlos Blanco, por los asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Me recuerda que él participó en las audiencias («hearings») en Washington, de las cuales conserva las actas. Luego compartimos esos hechos en nuestro común exilio mexicano. Nos separamos rápidamente, él para concurrir a la graduación de una ahijada y yo a una conferencia sobre Marx en la Facultad de Arquitectura.

Me quedé pensando que el pedido de los abogados del dictador sólo puede interpretarse como una maniobra dilatoria. Todo esto trae al recuerdo las actividades que con centro en México desarrollaba la Convergencia Democrática Uruguaya, un agrupamiento de fuerzas políticas de distinto signo unidas por su oposición a la dictadura, que realizó actividades muy intensas en Europa y América de denuncia sistemática del régimen y por la liberación de los presos políticos. Juan Raúl ejercía la presidencia y su alma mater era Luis Echave Zás, «el Colorado», hoy recluido por enfermedad. Vale la pena mencionarlo cuando los exiliados en México nos aprestamos a rendir homenaje, precisamente en la fecha del golpe de Estado, al digno embajador Vicente Muñiz Arroyo.

Volvamos a los hechos, tal como quedaron registrados en las publicaciones que difundíamos en aquella época. Esa labor se había iniciado en los años del exilio en Buenos Aires, a cargo de un grupo conformado por Michelini y el Toba, dos actuales ministros (Gargano y José Díaz), el ex rector Oscar Maggiolo, el ex decano Alberto Pérez Pérez, Julio D’Elía (desaparecido, sobrino del Pepe D’Elía) y quien escribe. De esto hemos hablado en otras ocasiones. Llegados a México reemprendimos la labor con Luciano Weinberger, mediante una publicación quincenal llamada Desde Uruguay que se editó quincenalmente y sin interrupción hasta el fin de la dictadura y distribuyó millones de ejemplares por el mundo. En el número 12, de agosto 1976, en un artículo de la página 3 titulado: «El ‘nuevo orden’ de Aparicio Méndez, o la fascistización completa del aparato de Estado», se lee: «En este camino, se han confiscado los bienes del ex senador Wilson Ferreira Aldunate, y luego se le ha requerido mediante comunicado de las Fuerzas Conjuntas, por ‘asistencia a la asociación subversiva’. Es una torpe venganza por las acusaciones contra la dictadura uruguaya formuladas por Ferreira Aldunate, en junio y julio últimos, ante un subcomité de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos».

En una edición posterior, el número 15 fechado en setiembre de 1976, la información sobre este tema cobra mayor amplitud. En lo pertinente, dice: «En los últimos meses, el Congreso norteamericano ha recibido una verdadera avalancha de acusaciones acerca de la violación de los derechos humanos y la implantación de la tortura sistemática en el Uruguay. Las denuncias provinieron de organizaciones internacionales, muchas de las cuales actúan en estrecho contacto con los medios populares del país e hicieron visitas al mismo (tales como Amnesty International, la Organización Internacional de Juristas Católicos, la Cruz Roja Internacional, la Organización Internacional del Trabajo, organizaciones juveniles internacionales, etc.) y de personalidades públicas del país, como el ex senador Wilson Ferreira Aldunate. Este último, y representantes de las organizaciones mencionadas, hicieron oír su voz de denuncia en los ‘hearings’ (audiencias) celebradas por la subcomisión de Organizaciones Internacionales del Comité de Relaciones Internacionales del Congreso norteamericano. En una extensa exposición formulada por Ferreira el pasado 17 de junio denunció el genocidio que está cometiendo el régimen uruguayo contra su pueblo, la instauración permanente de la tortura, y pidió, simplemente, que Estados Unidos no ayude a la dictadura. En estas sesiones intervino activamente el diputado Edward Koch, quien patrocinó la resolución de suspensión de la ayuda militar de Estados Unidos a Uruguay, conjuntamente con el senador Edward Kennedy. Es sabido que éste mantenía estrecho contacto epistolar con el ex senador uruguayo Zelmar Michelini, quien apareció asesinado en Buenos Aires el 20 de mayo. Kennedy había invitado a Michelini a trasladarse a Estados Unidos para ampliar sus denuncias, lo que no pudo concretarse por trabas en la documentación impuestas por los gobiernos de Uruguay y de Argentina. La decisión de la Comisión parlamentaria norteamericana exhibe a la dictadura uruguaya en su papel de torturadora, violadora de la ley internacional y los derechos humanos, al igual que la junta pinochetista.»

Claro y contundente. Por eso tengo la certeza de que si los abogados de los dictadores fueron por lana con su maniobra dilatoria, no tardaremos en apreciar cómo salen trasquilados. *

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