El mensaje a García

Cualquier elección sea nacional o departamental tiene realidades fundamentales que se deben respetar. En primer lugar contar con medios económicos que financien costos por cierto inmensos. Una militancia activa, permanente y responsable que «peine» y conozca con influencia la ciudad. Y en tercer lugar propaganda escrita, radial y televisiva eficiente y profesional que catapulte a los candidatos respectivos. El Frente en Montevideo va en coche. Primero por ser gobierno con todas las ventajas que ello implica. Tiene una militancia cultivada con fanatismo de mucho tiempo y con estructuras sindicales y gremiales que le responden fielmente. Y en materia publicitaria, le sobra prensa escrita diaria y semanal realizada con sacrificio partidario muy elogiable por cierto. Súmesele algún canal cable y ahora algún «abierto» que tiene la «camiseta» puesta por cierto. Resumiendo, su organización, ya sea por su proselitismo «casero» propio de su militancia como la previsión añeja de sus cuadros políticos, puede darse lujos que la oposición que en Montevideo le regaló la cancha, hoy le resulta costoso no sólo en lo económico sino en suplir las agrupaciones tradicionales que eran las que oficiaban de «boca de entrada» de los votos ciudadanos. El Partido Colorado, consciente y supongo alarmado por el default sufrido en octubre, está invirtiendo una costosa y como tal eficiente propaganda electoral. La misma no muestra cómo se publicita, nada menos que el hijo del dictador.

A pesar del natural rechazo que su apellido conlleva ante la posibilidad, por qué no, de que el «botija» sea la natural proyección del papá. Nos muestran un muchachón simpático, pintún, bonachón, recorriendo y proyectando hacia el futuro bellos paisajes del pasado feliz que su padre arrasó a sangre y fuego en su momento. Y como ya hay una generación que no lo vivió, se hace creíble, agencia publicitaria mediante bien paga. Los blancos en cambio, que tuvimos una excelente votación en octubre en lo nacional gracias a la progresista propuesta e imagen ideológica de Larrañaga pura y exlusivamente, no sólo en el interior donde conjunta el esfuerzo siempre eficiente de los caudillos departamentales, sino más patente en Montevideo siempre hostil a los blancos tradicionalmente, y se duplicaron los votos. Nadie con sentido común se piense que en la capital fue la organización, el trabajo, la entrega o las ideas luminosas de prestigiosos doctores que levantaron el resultado electoral que llevó a rescatar mucho más de 250.000 mil votos que el partido había perdido en la elección anterior que ganó Jorge Batlle.

Fue mérito del sanducero ayudado por la emotividad del fenómeno Masoller de Aparicio en el partido donde los sentimientos románticos pesan un quintal. Pero eso fue en octubre. Se puede pensar naturalmente, que ya en pleno embalaje como en la vuelta ciclista, se seguirá de largo para mayo. Era lo lógico. Pero no. Se paró de golpe. Desaparecimos de Montevideo. Problemas de acuerdos con el gobierno, situaciones internas en los sectores, tal vez la confianza en el gaucho esperando que volviese a tropear votos capitalinos y sálvese el pellejo del resto, y creo sí en una escasa fuente económica exhausta.

Los blancos no tenemos prensa. El único órgano de muy antigua data blanca y hace mucho, muchísimos años que la caverna derechoide caganchera dejó de serlo para pasar a ser habitualmente del partido que gane. Con poca plata, sin prensa y confiados en el resultado de octubre, cuyo ingenio y virtud fue producto del esfuerzo personal de un personaje, recién se salió a trabajar Montevideo, con un millón largo de habitantes, la mitad del país, escasamente a un mes de los comicios. Sin comentarios.

Podrían haber aparecido figuras con publicitadas imágenes y buenos antecedentes pasados en épocas gordas, para encabezar la candidatura a la IMM. Pero digamos la verdad, según parece, en un exceso de coraje cívico, se fueron al mazo. No obstante, en lo que fue un acierto, surgió una figura joven, limpia, que sin perjuicio de su natural capacidad o inteligencia, demostró ser un buen blanco. Dio la cara y fue a la guerra, en la más absoluta intemperie sin medir riesgos, prosapias, famas o prestigios soberbios. Hablo de Javier García. Se le llamó, montó el tordillo y marchó al frente de batalla. Sin lanza, sable o carabina. Sólo con ideas y muy poco tiempo electoral. No sé si gana o pierde tal vez. Pero hay veces, que aunque perdiendo se gana en dignidad, honor, señorío y particularmente en respeto de los compañeros con los que nos hermanan, no las posiciones ni los medios económicos o títulos doctorales sino el cariño por la divisa blanca que hizo la patria. ¡Osasuna García! ¡Te voy a votar! *

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