Diputados: cómo eludir un gran problema
El trabajo parlamentario exige una gran dedicación a los legisladores y no es para menos. Por el Poder Legislativo pasan todos los problemas que hacen a la vida de la nación y por lo tanto sus integrantes, más allá del partido al que representen, deben aplicarse en forma permanente al estudio y profundización del conocimiento. Como en todo grupo humano, «hay de todo y para todos los gustos». Hay quienes trabajan muchas horas al día y tratan de dignificar en forma permanente su actividad y hay también quienes tratan de eludir hasta el compromiso de las sesiones parlamentarias, quienes no concurren a las comisiones que integran y pasan por los períodos legislativos solamente percibiendo su asignación y pensando cómo harán en la próxima elección para subsistir en el cargo.
En este último caso, después de electo el legislador, muy poco puede hacer la ciudadanía, incluidos quienes lo votaron para sentarlo allí en ese lugar tan ansiado y muchas veces tan poco valorado. Depende de la responsabilidad de cada partido, que sus integrantes cumplan con la responsabilidad debida en la actuación parlamentaria asignada, pero muy pocas veces sucede que se llame a responsabilidad a quienes adquieren atribuciones que después se tornan «intocables».
Una parte importante del funcionamiento legislativo está en el trabajo que desarrollan las comisiones de cada cámara y desde luego que esa importancia está dada por el dinamismo que a cada una de ellas le imprimen sus miembros integrantes.
Si bien las comisiones de las dos cámaras realizan un trabajo similar, no hay dudas de que las que se conforman en la Cámara baja son las que tienen un ajetreo mayor y un contacto más fluido con la sociedad. No debemos olvidar también que en esta cámara hay 99 integrantes en tanto en la de Senadores hay 30 componentes.
En cuanto no dudamos de las buenas intenciones de los legisladores de buscar en forma permanente la mayor ejecutividad y eficacia en el funcionamiento de las comisiones, creemos que esta situación no siempre se alcanza y en esto sin dudas mucho tiene que ver la conformación en cuanto a la cantidad y la calidad de sus miembros.
Funcionará con mayor eficiencia una comisión que tenga un número adecuado de integrantes y con conocimiento de la temática que la comisión aborda, que otro grupo con una integración inadecuada en número y con integrantes poco afines a la materia de la comisión. Estas consideraciones las hacemos desde el punto de vista de la ciudadanía, que pretende un trabajo parlamentario positivo en el cual las comisiones sirvan como verdadero punto de apoyo a las decisiones que el plenario debe tomar.
Y en función de estas apreciaciones estimamos que hay situaciones que no están bien.
Durante los últimos cinco años del gobierno anterior, la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Representantes estuvo integrada por tres miembros solamente: José Luis Blasina, Julio Lara y Gustavo Silveira. El único legislador familiarizado con algunos temas sobre Seguridad Social de esa Comisión era Blasina, dado que tenía actividad gremial anterior a su acceso a la Cámara y no le eran ajenos los asuntos a tratar. Lara puso empeño en colaborar con Blasina y aportó su trabajo; en cuanto a Silveira, nunca se le veía en la Comisión y era bastante triste que cuando las organizaciones sociales pedían una entrevista a la Comisión, estas eran recibidas por dos diputados.
Esta microcomisión funcionó mal y no por voluntad de sus dos integrantes permanentes, Blasina y Lara, sino por la lamentable decisión de la Cámara de integrar una Comisión de Seguridad Social con el mínimo de integrantes posibles e incluir en el trío a algún legislador al cual el tema poco le importaba, como lo fue el caso de Gustavo Silveira, diputado por Cerro Largo.
Los resultados de la gestión anterior ameritaban una rectificación a la hora de conformar una nueva Comisión de Seguridad Social por parte de la nueva Cámara. No fue así y este es un mal síntoma. Hoy, la nueva Comisión de Seguridad Social es una de las cuatro comisiones que menos legisladores tiene. Se da el mismo caso con la Comisión de Salud Pública y Asistencia Social.
No puede ser que de 99 legisladores se integre una Comisión que atienda la problemática donde se involucra al 90% de la sociedad con cuatro diputados. La Seguridad Social debe abordarse con espíritu de compromiso. Es un tema fundamental en la redistribución de la riqueza del país y por la tanto de justicia social y no puede ser que el parlamento «le saque el cuerpo» de entrada, dándole una importancia insignificante.
Pero además, no se puede entender que la Comisión de Hacienda, que generalmente trata el Presupuesto y las rendiciones de cuentas integrada con la propia Comisión de Presupuesto, tenga 11 integrantes, que, más los 5 de Presupuesto suman 16. Se dirá que sobran contadores y economistas. Bueno, que aprendan algo de Seguridad Social. Si a la Comisión de Turismo le asignan 7 integrantes y a la de Asuntos Internacionales 6, alguien debería explicar algunas cosas. En la de Turismo siempre hay atrás algún «lobby» empresarial y en la de Asuntos Internacionales se viaja bastante. No estamos prejuzgando, pero hay una realidad que la ciudadanía percibe como vicios de un pasado cercano en el que pocas cosas estaban bien hechas y que creemos es hora de cambiar. Cuando las organizaciones de jubilados y pensionistas van a plantear sus problemas los atienden dos o tres, porque la Comisión es eso y nada más.
De 99 diputados, 95 son integrantes de comisiones y está bien que si hay muchos abogados, 9 de ellos se ocupen de Constitución, Legislación, Códigos y Administración. Pero está muy mal que el tema de la Seguridad Social tenga un tratamiento de incineración antes de empezar a gobernar. Por lo menos esa es la señal que está dando la Cámara de Representantes recién entrada en funciones. *
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