Una reacción destemplada

Uno de los primeros pasos que dio el gobierno electo después del 31 de octubre fue explorar la posibilidad de acuerdo con los partidos de oposición.

Se les ofreció participar en el gobierno mediante cargos en el gabinete ministerial, pero la propuesta fue rechazada. Luego, se abrió la posibilidad de integrar los entes autónomos, servicios descentralizados y organismos estatales de dirección colegiada. Era, sin duda, un gesto de grandeza de la fuerza ganadora –actitud que no habían tenido los gobiernos anteriores– que apuntaba a lograr un acuerdo nacional a pesar de contar con mayoría absoluta.

Creemos del caso reiterar lo dicho en oportunidad de las conversaciones que desde entonces mantuvo el gobierno con los partidos tradicionales en busca de lograr el acuerdo:

«Enhorabuena, pues a pesar de que el EP-FA-NM obtuvo la mayoría absoluta de votos, siempre es mejor para el funcionamiento del sistema político –y para el país en su conjunto– que se logren acuerdos entre los distintos partidos, oficialismo y oposición.

No se trata, obviamente, de pretender consensos, sino de establecer bases para ciertos acuerdos mínimos que permitan una tarea de gobierno (ejecutiva y legislativa) más fluida y más eficaz. No olvidemos que para designar a los miembros de los directorios de organismos estatales, es preciso contar con la venia del Senado para lo cual se requiere una mayoría especial de tres quintos que la izquierda no tiene; y sólo después de transcurridos sesenta días sin que la Cámara Alta se pronuncie, puede el Ejecutivo reiterar el pedido de venia y otorgarse éste por mayoría simple de componentes del cuerpo».

Los últimos hechos parecen echar por la borda la trabajosa negociación que se venía llevando a cabo entre representantes del gobierno y del Partido Nacional. Entendemos que la actitud del nacionalismo ante el reclamo del doctor Vázquez peca de apresurada y reviste cierta cuota de capricho. No olvidemos que el origen de las desavenencias está centrado exclusivamente en el número de cargos ofrecidos al Partido Nacional para integrar el directorio del Brou: el gobierno ofrece uno de los cinco cargos pero el nacionalismo pretende dos. A eso se limita la disputa.

No resulta pertinente la argumentación esgrimida por esa fuerza política según la cual el gobierno no permite el control de la oposición. Ese quinto miembro que integraría el directorio del Brou en representación del nacionalismo puede perfectamente bien ejercer la función de contralor; para controlar de cerca el manejo del banco por parte de la mayoría, alcanza y sobra con un director de la oposición.

Pero más descabellada aun parece la acusación lanzada por los máximos dirigentes blancos –de la que se hace eco un suelto editorial de El País de ayer–, en el sentido de atribuir una «vocación absolutista» a la nueva administración de gobierno.

Esperemos que la dirigencia nacionalista recapacite y revea su postura intransigente e inconducente. Por el bien del sistema político, pero sobre todo por el bien del país. *

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