Perdedores y oportunistas

La jornada del 14 de abril de 2005, realizada bajo un gobierno nuevo, representó el fin de un largo ciclo, inaugurado durante la dictadura, por el cual la jornada se convertía en escenario de un conjunto de diatribas contra la democracia, reivindicaciones de la dictadura y el golpismo y veladas amenazas contra las instituciones.

Esto tenía lugar tanto en los actos oficiales como en los semioficiales organizados por los clubes militares.

¿Por qué decimos actos semioficiales? Porque los asociados al Centro Militar son, en su inmensa mayoría, oficiales en actividad.

Efectivamente, en el momento de su graduación, los jóvenes oficiales, entre los requisitos que tienen que cumplir, está el de llenar el formulario con el cual se convierten en socios del Centro Militar y autorizan a que les sea descontado de sus haberes el monto de la cuota social que cobra el Centro.

Es en manos de estos funcionarios que reposan las armas de la Patria puestas allí para defender el territorio, la dignidad y la soberanía nacional.

Digamos de paso que los actos, durante todos estos años, revistieron no ya un carácter netamente político sino que asumieron la forma de una ceremonia cargada de elementos ideológicos, fuertemente impregnados en los conceptos de la Doctrina de la Seguridad Nacional, de la que en apretada síntesis se podría decir que asigna legitimidad a la intervención política de las Fuerzas Armadas «cuando las necesidades lo requieran» ante los ataques de la subversión marxista.

De modo que los oficiales en actividad estuvieron asistiendo, durante todo este tiempo, a jornadas caracterizadas por su espíritu nostálgico hacia las realidades, ideas y valores que caracterizaron al gobierno y al Estado uruguayo durante la dictadura.

Por esas razones fue previsible y pertinente la decisión adoptada por las autoridades nacionales de suspender la realización de la jornada oficial de conmemoración de los episodios del año 72.

Quedaron en pie las ceremonias realizadas por el Centro Militar y otras entidades sociales que, como decíamos más arriba, están integradas simultáneamente por los líderes del proceso golpista, los gobernantes durante el período de facto y los oficiales con mando de tropa.

La jornada reúne entonces lo más graneado del pensamiento y la acción autoritaria en el país, como el teniente general Gregorio «Goyo» Alvarez y otros, buena parte de quienes tienen causa abierta ante distintos tribunales nacionales y extranjeros por delitos de lesa humanidad.

En medio de ese cuadro destaca la actitud oportunista de dos antiguas y prominentes figuras de los círculos de poder en el Uruguay. Nos referimos a los doctores Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle.

Ambas figuras podrían haber ahorrado a sus respectivos partidos el compromiso que dimana de una ceremonia como a la que ellos asistieron el pasado jueves.

La conducta de estos dos líderes no sorprende. Tanto uno como otro hicieron todos los esfuerzos posibles, desde la primera magistratura del Estado, para amparar con la impunidad a los oficiales acusados de violaciones a los Derechos Humanos.

Ambos practicaron la política de hacer de la Ley de Caducidad un cobertor que se volvía cada vez más ancho a medida que las circunstancias lo requerían.

Más que una norma transformaron a la Ley de Caducidad en «un estado de amnistía permanente», siempre que se tratara de delitos vinculados a los Servicios de Seguridad del Estado, como lo demuestra la complicidad de ambos en la impunidad de que disfrutaron, y disfrutan, los militares uruguayos vinculados al asesinato de Eugenio Berríos.

O sus actitudes, desde la Presidencia de la República, ante los pedidos de extradición formulados por jueces argentinos que indagaban sobre los crímenes cometidos en la vecina orilla.

Ni Lacalle ni Sanguinetti aportaron ningún factor de prestigio a las ceremonias a las que asistieron. También ellos, como los golpistas, están ciegos ante el real sentir de la ciudadanía uruguaya, como lo demostraron sus reiterados fracasos electorales desde el 7 de diciembre en adelante. *

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