Energía: la crisis endémica
Es posible que el clima del Uruguay haya experimentado alguna variación en los últimos cincuenta años respecto del que imperaba hace cien o más años. Eso no estamos en condiciones de afirmarlo ni de negarlo (como suelen decir los hábiles declarantes cuando no quieren comprometer su opinión sobre algún asunto espinoso). Pero lo que sí es un hecho notorio es que por lo menos desde abril de 1959, los uruguayos oscilamos cual péndulo de Foucault entre sequías abrasadoras y copiosas precipitaciones que hacen desbordar los cursos de agua. Cuando apenas había transcurrido un mes de la instalación del primero de los tres gobiernos blancos del siglo pasado, se produjeron lluvias de consecuencias catastróficas con inundaciones, restricciones y cortes de energía y damnificados varios.
Aquellas inundaciones del 59 pasaron a la historia como la peor catástrofe natural sufrida por los uruguayos. Pero a los aguaceros otoñales sucedió una importante sequía y la situación se revertió: ahora, el ganado no se moría ahogado sino de sed y de hambre, y las represas no generaban energía no ya por exceso de agua sino por escasez del líquido elemento.
Y así hemos venido llevándola, casi sin términos medios, entre inundaciones y sequías y con la zozobra de la crisis energética. Para colmo de males, por los años setenta el precio del petróleo empezó a dispararse y, a pesar de las oscilaciones, la tendencia alcista del crudo se ha mantenido y nadie piensa sensatamente que pueda bajar algún día.
Con este panorama –con un petróleo cada vez más caro y con la generación de energía dependiendo de la buena voluntad de Tata Dios–, el país ha venido marchando a los tumbos.
Desde las inundaciones del 59 hemos tenido sucesivamente un segundo gobierno blanco, uno colorado (el de Gestido y Pacheco), el de Bordaberry, el régimen cívico-militar y tres administraciones coloradas (dos de Sanguinetti y una de Batlle) y una blanca (la de Lacalle).
Cabe preguntarse qué hicieron todos esos gobernantes que durante casi cincuenta años administraron los destinos del país para resolver el problema energético. ¿Qué previsiones se tomaron? ¿Alguna vez se sentaron a enfrentar el asunto y diseñar políticas de Estado en la materia?
Como bien dice Eleuterio Fernández en su contratapa de ayer, el proyecto de país de servicios, plaza financiera y paraíso fiscal no necesitaba demasiada energía.
Hoy estamos pagando no sólo los intereses de la deuda sino también la irresponsabilidad, la impericia, la negligencia, la ineptitud de quienes gobernaron el país frívolamente de espaldas a los intereses de la nación. *
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