Significación de una fecha
Es de sobra conocido que en toda comunidad humana, los hombres y mujeres que la componen tienen una tendencia a fijar sus opiniones y vivencias sobre los hechos del pasado, con los significados y la carga de valores que, para ellos, tuvieron en aquel momento.
Es un rasgo de la cultura humana que ya ha sido, por demás, constatado y que sólo la reconstrucción histórica documentada y el advenimiento de nuevas miradas y generaciones tienden a diluir y subsumir en ese todo complejo que es la conciencia del pasado que caracteriza a cada comunidad nacional.
En nuestro país, durante decenios, las autoridades militares, protagonistas de los procesos de represión a la insurgencia y luego de la instalación de un régimen de dictadura cívico militar, hicieron del 14 de abril una fecha emblemática para difundir su propia visión de los acontecimientos.
Una versión unilateral que tendía a preservar y glorificar el papel cumplido por las fuerzas represivas del Estado entre los años sesenta y los años ochenta.
Como no podía ser de otra manera, al ser encarada como una conmemoración promovida desde el Estado, desde los máximos poderes de la Administración, con las voces parlamentarias y de la oposición acalladas sin que pudieran expresar su punto de vista, durante todos los años de la dictadura la ceremonia adquirió un tono unilateral, sectario, excluyente, por momentos ensañado y de denigración a quienes en ese momento padecían los efectos de su derrota en las cárceles que levantó la dictadura.
Con el advenimiento de la democracia, bajo el gobierno de Julio María Sanguinetti, se pretendió realizar un maquillaje que hiciera más potable esta ceremonia que, en los hechos era –y siguió siendo– una expresión de reivindicación del golpismo y el ataque a las instituciones.
La Administración actual, presidida por el doctor Tabaré Vázquez, en el uso de sus potestades como jefe de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, decidió la suspensión de la conmemoración oficial de los acontecimientos de abril de 1972.
Medida esta que no impidió dos tipos de conmemoraciones: por un lado en varias unidades militares, los jerarcas al mando reunieron a sus tropas para dar lectura a una comunicación del jefe del Ejército, teniente general Bertolotti.
En segundo lugar los «clubes sociales» de las Fuerzas Armadas, integrados por oficiales en situación de retiro, junto con oficiales en actividad, realizaron sus respectivas ceremonias de recordación.
Parece claro que la decisión del gobierno procura actuar sobre una zona de ex oficiales, sobre muchos de los cuales pesan denuncias de violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura, donde prevalece una actitud de abierto desafío al clima de convivencia civilizada que las actuales autoridades del país están procurando construir.
La realización de estas conmemoraciones ha dado lugar a que aflorara en la prensa una serie de anécdotas o de «construcciones ideológicas» impulsadas por seudohistoriadores, cultores de la historiografía «a término medio», las visiones del pasado como «empate», la distribución inexplicada de méritos y condenas que vuelven, para el ciudadano común, y sobre todo para la gente más joven, muy poco comprensibles los orígenes y la naturaleza de los hechos evocados.
Por su parte las Fuerzas Armadas, y especialmente el Ejército, le deben a la ciudadanía el conocimiento público de la documentación que obra en su poder sobre aquellos años dramáticos.
En todos los países de Occidente que se han visto expuestos a circunstancias similares, el Estado ha ido desclasificando documentos, abriendo sus archivos al interés de la sociedad, de la investigación académica, periodística y hasta familiar.
En otros países como Estados Unidos, Argentina, etc. los documentos oficiales de períodos oscuros ya han sido liberados a la opinión pública, mientras que en nuestro país todavía se siguen considerando «secreto de Estado». *
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