La inexplicable amistad de Rodríguez Zapatero y Uribe Vélez
Goza de una gran popularidad. Más del sesenta por ciento. Planteó una idea ajena a las tradiciones políticas de su país, la reelección. En el enfrentamiento armado lleva las de ganar. Está por hacer un acuerdo con los grupos de derecha violentos. Tiene de vecino a Hugo Chávez. Es hoy el Presidente de América Latina más cercano a Estados Unidos.
Sin embargo, hace apenas dos semanas se le vio reunido con Chávez, Lula y Rodríguez Zapatero. Tres meses atrás mantuvo su más dura confrontación con el venezolano. Un guerrillero de las FARC que se encontraba en Venezuela apareció preso en Colombia. El mediador que permitió superar la crisis, según coinciden todas las fuentes responsables, fue Fidel Castro. Pidió al Presidente de Cuba que interviniera. Este hizo el mandado.
El doctor Alvaro Uribe Vélez, primer magistrado de Colombia, aparece en muchos aspectos como contradictorio.
Sus actitudes son propias de los políticos de ese país, que se caracterizan por su sutileza y sagacidad. Sólo un aspecto de la política exterior española permanece incambiado luego de la asunción de Rodríguez Zapatero en España el apoyo a Colombia.
Nadie puede sentirse extrañado de la amistad de Aznar con Uribe. ETA mediante, tampoco llamaba la atención que España fuera en la Comunidad Europea la vanguardia del respaldo a ese país y de la crítica constante a los violentos.
Sin embargo, no han variado sustancialmente estas posturas con el advenimiento del PSOE al poder. Los medios de difusión cuentan que mientras los Presidentes de España, Brasil, Colombia y Venezuela dialogaban cordialmente, otra reunión tenía lugar a puertas cerradas entre los vicecancilleres de esos países. Que en todas las votaciones, en solitario, Colombia se negaba a admitir las propuestas de los otros participantes. Al final no hubo declaración conjunta. En solo una oportunidad España votó con Colombia. Cuando se propuso promover a Brasil como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
No es fácil, a veces, la posición de Rodríguez Zapatero. Más contestatario al franquismo que Felipe González, ahora arremete contra las estatuas de este que aún permanecían en las plazas de España. Con crítica incluso del Presidente de su colectividad. Trata, y a veces lo logra, mantener una posición preeminente en Europa. por eso recibió a Putin junto al Presidente de Francia y el Primer Ministro alemán.
Juega fuerte en América Latina. Se acerca a Castro y este no le facilita las cosas. «Cuba ha aprendido a vivir sin necesidad de Estados Unidos y de Europa. Es delicioso». Dijo Fidel hace poco ante su desacomodo.
Vende armas a Chávez. Aunque puntualiza que no son ofensivas. Tal vez es cierto. Pero es preciso recordar que Venezuela también adquiere armas de Rusia. Con todas esas compras el equilibrio armamentístico regional tiende a desestabilizarse.
Sin embargo, Rodríguez Zapatero mantiene a toda costa su relación con Colombia, y en especial con Uribe Vélez. Apenas concluyó el cónclave cuatripartito, se fue a Bogotá. Les dijo a los violentos lo mismo que el Presidente antioqueño: «Si quieren la paz, dejen de disparar». Acusó en la Comunidad Europea a una ONG dinamarquesa de financiar a las FARC. El apoyo es claro y explícito. América Latina cada vez tiene más gobiernos que podríamos denominar de «izquierda». Sin embargo, se perfilan entre ellos dos ejes, y también diferencias de carácter nacional, que las coincidencias ideológicas no pueden disimular.
Por un lado Fidel Castro y Chávez. Con el rol de patriarca del cubano. Y la agresividad del segundo basada en el poder del petróleo.
Lula y Lagos mantienen posiciones opuestas en cuanto al relacionamiento con los países desarrollados. Tienen un estilo diferente. Aunque mantiene silencio, ¿alguien puede pensar que el surgimiento de Venezuela como una fuerza militar en la región hace gracia a Brasil? La frontera entre Venezuela, Brasil y Colombia es una zona potencialmente explosiva. El conflicto armado de Colombia no es la única causa. El departamento del Putumayo, en la amazonia de ese país, concentra el treinta por ciento de los cultivos ilícitos. Si la fumigación y otras medidas logran resultados satisfactorios toda la amazonia brasileña corre el riesgo de aumentar las áreas sembradas en forma exponencial. Por eso hoy Lula, como ayer Fernando Enrique, mantienen una posición ambigua sobre una solución a la crisis colombiana.
También hay elementos políticos de divergencia en América del Sur. Lula ve peligrar un liderazgo que consideraba indiscutido entre las «izquierdas» del continente con la aparición carismática e irreverente de Chávez. Lo cierto es que en esta confusa e indefinida situación, Uribe recibe oxígeno de Rodríguez Zapatero. Experimenta con Lula. Recurre en una situación casi límite a Fidel Castro. Por ello Colombia no deja de ser el tercer país del mundo en recibir ayuda militar norteamericana. Sólo detrás de Israel y Egipto. Un veintitrés por ciento del gasto militar es solventado por el tesoro de los Estados Unidos. Está a tres meses de firmar, junto con otras Repúblicas de la región, un acuerdo comercial con ese país. Ello lo coloca -a pesar de las resistencias internas que siempre tienen estos entendimientos- en una situación inmejorable de expansión de su economía.
Mientras tanto el conflicto armado baja en intensidad. El número de secuestros y muertes disminuye. Se vuelve a transitar por las carreteras.
Las FARC están en su punto más bajo en los últimos quince años. El proceso de desmovilización de las autodefensas, con dificultades, sigue adelante. Se espera la aprobación de una legislación a esos efectos. El ELN (el grupo históricamente más cercano a Cuba) no está lejos de sentarse en una mesa de negociación.
Rodríguez Zapatero y Uribe Vélez, en medio de esta intrincada situación, se entienden. Ello no deja de sorprender. ¿Es que ahora se puede estar bien con Dios y con el diablo? *
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