Todos los caminos llevan a Roma
El mundo todo está pendiente de la elección del nuevo Papa. Aquellos Cardenales, que integran el selecto grupo de 117 electores y que no viven en Roma, están arribando a la ciudad, que otrora fuera conocida como la que todos las vías conducían a ella. Entre ellos, hay cuatro brasileños.
Se dice que en el Vaticano existe preocupación por lo profusas que son las declaraciones a la prensa de algunos de los Arzobispos que elegirán al nuevo Pontífice. Veintiséis años sin realizarse un cónclave de este tipo debe haber desacostumbrado a algunos de sus actores en el ejercicio del arte de la discreción.
El Cardenal-Arzobispo de Río de Janeiro, Eusebio Oscar Scheid, no quiso ser menos que nadie al arribar a Roma el pasado martes. Un periodista comenzó preguntándole si el próximo Papa podría ser brasileño, recordando que el presidente Lula había llegado a ese cargo desde un pasado de obrero metalúrgico.
Fue oír el nombre de Lula y Don Eusebio saltó como un gato: «No mezcle a Lula en esta historia. El y el Espíritu Santo no se entienden bien». Otro periodista pretendió saber el porqué de esta afirmación cardenalicia que enfrentaba a Luiz Inácio da Silva con el tercer integrante de la Santísima Trinidad. «¿Usted cree que Lula sabe quién es el Espíritu Santo?», replicó misteriosamente el obispo carioca. Entonces, un tercer reportero afirmó: «Lula es católico» y la contestación del Arzobispo fue lapidaria: «Católico no. El es caótico».
Más tarde, ya hospedado en el Colegio Pío, el Cardenal quiso bajar los decibeles de su crítica política, diciendo que lo que había dicho era una «brincadeira»(broma), pero, al permitir más preguntas de los periodistas, la enmienda fue peor que el soneto. Para explicitar las razones de su exabrupto contra el Presidente de su país, el obispo citó su ambigua postura frente al aborto y su «relación con los gays»(sic).
En lo referente al aborto, Don Eusebio afirmó que Lula le dijo estar en contra, pero que su Partido está a favor. «Políticamente en una hora dice una cosa, en otra hora dice otra», aclaró el cardenal. Sobre los homosexuales no quiso agregar más y nos quedamos con la incógnita de cuál es la relación que Lula tiene con ellos.
Pero aún quedaban perlas en este collar. Otro periodista le preguntó su opinión sobre el encuentro de Lula con Fidel Castro; y la respuesta fue demoledora: «Eran dos bobos conversando». Y para finalizar sus diatribas, el jerarca eclesiástico criticó el uso del avión presidencial, el ya bautizado popularmente Aero Lula, recientemente adquirido por una cifra multimillonaria (y tan denostado por sus opositores), con el fin de transportar a la comotiva presidencial, que comprende, entre otros a los ex presidentes Fernando Enrique Cardoso y José Sarney.
A esta altura, uno empieza a interrogarse acerca de las motivaciones de palabras tan duras y ácidas de boca de un prelado que llega a participar de una tarea tan importante y delicada como es elegir al próximo representante de Dios en la Tierra e infalible conductor de su Iglesia.
Los motivos no hay que buscarlos muy lejos. Todo surge del afán de protagonismo de una figura que se siente secundaria y no se resigna a ello. Claudio Oscar Scheid es el vocero del ala dura y conservadora dentro de la Iglesia en el Brasil y le duele llegar a Roma sin chance alguna de ser ungido Papa. Pero lo que más le duele es que otro Arzobispo brasileño, y justamente el de San Pablo, eterna rival de Río, sí tenga posibilidades.
Claudio Hummes llegó a la capital italiana guardando un discreto silencio. Apenas pronunció unas palabras resaltando la inevitable ansiedad que se siente al participar de esta elección y dijo que espera volver tranquilo a San Pablo para seguir siendo su Arzobispo por lo menos por cinco años más. Nada quiso contestar cuando la prensa le manifestó que era uno de los favoritos para convertirse en el nuevo Pontífice. Sonrió, se disculpó amablemente y se fue.
Humees es el vocero de la línea moderada dentro de la Iglesia en Brasil. Es franciscano y se destaca por su humildad y apoyo a las causas de los más pobres. En el año 1975 suplantó a Jorge Marcos de Oliveira como obispo de Santo André, una ciudad industrial cercana a San Pablo.
Jorge Marcos llegó a ser llamado el «obispo de los trabajadores» y estimuló una corriente, de izquierda pero no comunista, que buscaba formar líderes católicos en los sindicatos de las fábricas. En 1964, cuando vino la dictadura militar en Brasil, fue duramente perseguido y censurado y esto lo llevo a entregarse a la bebida.
En 1975, Jorge Marcos renuncio a su cargo de obispo. En diciembre, asumió su sucesor: Cláudio Hummes. Unos meses antes, en abril de ese mismo año, Luiz Inácio da Silva, conocido popularmente como Lula, había llegado a la dirección del sindicato de los obreros metalúrgicos de Sao Bernardo dos Campos, en el ABC paulista.
Una coincidencia histórica y geográfica que no es meramente casual. *
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