Estreno del gobierno progresista en la internacional ambientalista

En unos pocos días, el 2 de mayo, tendrá lugar en Uruguay un evento muy importante en el campo de los acuerdos internacionales del sistema de las Naciones Unidas. Será el primer encuentro de ese tipo organizado por el gobierno progresista, y para sorpresa de muchos su temática apuntará a las cuestiones ambientales.

En efecto, se reunirán en Punta del Este los países miembro del Convenio de Estocolmo sobre los Contaminantes Orgánicos Persistentes, del 2 al 6 de mayo de 2005. Ese convenio apunta a proteger la salud humana y la calidad ambiental de contaminantes que persisten por largos períodos de tiempo, de muy amplia distribución en todo el planeta y que tienden a acumularse en los seres vivos, con efectos negativos muy graves. Son 12 sustancias peligrosas, que incluyen a metales pesados, plaguicidas como el DDT, aldrín y mirex, productos químicos industriales como los bifenilos policlorados y otras sustancias como las dioxinas.

Los planes para erradicar y manejar estos productos peligrosos están bajo el Convenio de Estocolmo, que es un tratado internacional firmado por más de 150 países. El convenio, que Uruguay aprobó en diciembre de 2003, es parte de una «internacional ambientalista» que incluye otros tratados como la Convención sobre Cambio Climático o el Convenio sobre Diversidad Biológica. Esos acuerdos han estado en el centro del debate diplomático global por las resistencias de algunos gobiernos a asumir compromisos en favor del ambiente mundial.

La reunión que se realizará en Punta del Este reviste enorme importancia. En primer lugar, los contaminantes persistentes que regula esa convención incluye a 9 plaguicidas organoclorados que han sido empleados en la agropecuaria uruguaya y con severos efectos en la salud y el entorno. En segundo lugar, también se incorporan productos menos conocidos pero igualmente peligrosos, como los aceites usados en grandes transformadores eléctricos (bifenilos policlorados), dañinos para la salud humana. En todos estos casos, son contaminantes muy estables, con una larga vida, que se dispersan por largas distancias, y se acumulan en algunos sitios o animales, como los peces, que incluso pueden ser parte de nuestra alimentación. El convenio busca prohibirlos, establece normas para su manejo seguro, diseña iniciativas para limpiar los sitios contaminados, y otorga asistencia para reemplazarlos por otros compuestos más seguros. Además, se apoyan planes nacionales para implementar las medidas del convenio, que ya están en marcha en 120 naciones (entre ellas Uruguay).

Como esta es la primera reunión de los países miembros del convenio, se redobla la relevancia ya que se determinará su agenda de acción y su funcionamiento para el futuro inmediato. Esto explica que se esperen unas mil personas, incluyendo decenas de ministros del ambiente de todo el mundo, representantes de casi un centenar de instituciones científicas, organizaciones no gubernamentales y empresas, junto a los más altos delgados del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, liderados por Klaus Toepfer, su director ejecutivo.

Casi siempre un encuentro de esta envergadura es inaugurado por el presidente del país anfitrión; pocos meses atrás, Néstor Kirchner inauguró en Buenos Aires la conferencia sobre el cambio climático. Por lo tanto la reunión de la Convención de Estocolmo podría ser una buena opción para que el Dr Tabaré Vázquez ofrezca la bienvenida a todos los delegados y presente el programa ambiental del nuevo gobierno. Más allá de esa posibilidad, es evidente que este encuentro en Punta del Este servirá de presentación del nuevo gobierno ante el sistema de tratados internacionales y frente a representantes de todos los países más importantes del planeta. Es una enorme responsabilidad, pero es también una feliz posibilidad para recuperar protagonismo tanto dentro del país como en el escenario mundial. *

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