En nuestra edición de ayer condenamos con un “Cero en conducta” la campaña mediática desatada contra el ministro del Interior, doctor José DÃaz. AludÃamos al tratamiento irresponsable de la información por parte de los medios del establishment, mostrando cómo habÃan inflado un globo de alarma e inquietud a propósito de las ideas esbozadas por el secretario de Estado para resolver el problema de la superpoblación carcelaria.
Llama la atención cómo el matutino de la Plaza Cagancha insistÃa ayer en generar zozobra al hablar de un supuesto “fantasma del motÃn” que recorre las cárceles.
Quizás tomando como mentores a los medios venezolanos que pretenden desestabilizar al gobierno legÃtimo y democrático de Hugo Chávez, los medios de la derecha uruguaya parecen encaminarse en la misma senda.
El lúcido analista Ignacio Ramonet –director de Le Monde Diplomatique e implacable fiscal de la prensa complaciente con el poder– ha publicado un excelente artÃculo en el número de abril-mayo de Manière de Voir. En él, Ramonet advierte sobre el hecho de que en todo el mundo cada año la venta de periódicos cae una media de dos por ciento.
Independientemente de la competencia de los medios audiovisuales y de las publicaciones virtuales, el periodista destaca como causa de esta crisis la pérdida de credibilidad de la prensa escrita.
Dice Ramonet: “Cada vez con mayor frecuencia, los medios escritos pertenecen a grupos industriales que controlan el poder económico y están, a menudo, en connivencia con el poder polÃtico. Y también porque la parcialidad, la falta de objetividad, las mentiras, la manipulación e incluso simplemente las falacias van en continuo aumento. Es cierto que nunca hubo una edad de oro de la información, pero estas aberraciones alcanzan ahora a periódicos de prestigio. En Estados Unidos, el caso Jayson Blair, el periodista estrella que falsificaba hechos, plagiaba artÃculos sacados de Internet e inventaba decenas de historias ha causado un gran perjuicio al New York Times, que a menudo habÃa publicado en primera página sus fabulaciones. Este periódico, considerado como una referencia por los profesionales, vivió entonces un verdadero seÃsmo.
A estos desastres, hay que añadir también la asunción por parte de los grandes medios de comunicación transformados en órganos de propaganda, especialmente la cadena Fox News, de las mentiras de la Casa Blanca respecto a Irak. Los periódicos no verificaron ni pusieron en duda las afirmaciones de la administración Bush. Si lo hubieran hecho, un documental como Fahrenheit 9/11, de Michael Moore, no habrÃa tenido tanto éxito, dado que la información que ofrece esta pelÃcula era pública desde hace mucho tiempo. Pero habÃa sido ocultada por los medios de comunicación. (…)
Todos estos casos, asà como la alianza cada vez más estrecha con los poderes económico y polÃtico, han causado un daño devastador a la credibilidad de los medios de comunicación. Revelan además un inquietante déficit democrático. El periodismo condescendiente se impone, mientras que el periodismo crÃtico está en retroceso. Incluso nos podrÃamos preguntar si en la era de la globalización y de los grandes grupos mediáticos, la noción de prensa libre no está en proceso de desaparición”.
El comportamiento de los medios escritos fieles a la derecha uruguaya parece seguir ese modelo que no hace sino desprestigiar a aquel famoso cuarto poder cuya función ha venido desvirtuándose paulatinamente. *
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