Grave atentado a la democracia en México
En los últimos días ha adquirido una especial relevancia el acontecer político en México, donde el gobierno presidido por Fox ha puesto en marcha una serie de mecanismos de carácter autoritario destinados a inhabilitar políticamente al líder de la oposición, Andrés Manuel López Obrador.
La penosa originalidad con que se ha revestido esta acción antidemocrática tiene largos antecedentes en América Latina, incluyendo experiencias en nuestro país: para herir gravemente la democracia mexicana se utilizan métodos que cuentan con cierta cobertura legal, se hace participar a la Suprema Corte de Justicia y luego refrendar el desafuero por el Poder Legislativo.
Estas maniobras de maquillaje del acto autoritario no han impedido que amplios sectores del pueblo mexicano hayan comprendido el carácter despótico que tienen las maniobras contra el actual alcalde de México D.F.
Eso es lo que explica la multitudinaria manifestación que inundó en la tarde de ayer la histórica y gigantesca Plaza del Zócalo, donde más de trescientos mil mexicanos expresaron su repudio ante las maniobras del presidente Fox, secundado en este episodio por los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Las imputaciones que se realizan al líder de la oposición y candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) son inverosímiles y triviales. A partir de ejemplos minúsculos se procura demostrar que la autoridad local de la capital del Estado ha violado el ordenamiento jurídico de la nación.
El significado de esta maniobra autoritaria, en una democracia todavía relativamente nueva como es la mexicana, ha sido comprendido rápidamente por poderosas corrientes de opinión que luchan por consolidar la democracia en México y abrir un camino de reconstrucción nacional, justicia social y respeto por las libertades y derechos públicos y colectivos.
Simultáneamente, también ha sido comprendido por analistas, insospechados de cualquier «contaminación» izquierdista, que perciben la gravedad de estas maniobras que vulneran las reglas de juego de cualquier régimen democrático que se precie de respetar mínimamente a la ciudadanía.
A esas consideraciones habría que agregar la tremenda significación que tiene para el resto de América Latina el intento autoritario de dejar a López Obrador fuera de la escena política.
Formando parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México se ha convertido, en gran medida, en una suerte de apéndice de la economía norteamericana, un partenaire pobre y empobrecido de los Estados Unidos.
El creciente malestar social y político, que se expresa en el masivo apoyo que recibe el líder del PRD, constituye el indicador del agotamiento de una modalidad de inserción subordinada al mercado regional, el fin de una etapa que infligió daños profundos y duraderos a la sociedad mexicana.
Absolutamente todos los pronósticos, internos y externos, anuncian el triunfo de López Obrador en las elecciones del año próximo.
Dado el tremendo potencial humano, cultural, político y económico de México, un cambio en la conducción política hacia orientaciones nacionalistas y populares tendría, tanto en América del Norte como en el resto del continente, una enorme repercusión.
El advenimiento de un gobierno progresista, liderado por el carismático alcalde de México D.F., concurriría a fortalecer las tendencias progresistas que florecen hoy en América Latina.
Tras las maniobras de las derechas agrupadas en el Partido Autonomista Nacional (PAN) de Fox y el PRD se encuentran no sólo los intereses conservadores mexicanos sino los geopolíticos del Pentágono y las intenciones del presidente Bush para América Latina.
De ahí la importancia de denunciar estos hechos solidarizándonos con el dirigente democrático cuya voz se pretende acallar. *
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