¿Y la concordancia?
Que el verbo debe estar en concordancia con el sujeto es algo que se aprende ya en la escuela. Si un párvulo escribe en una redacción sobre la primavera «los pajaritos canta», la maestra corregirá con implacable lápiz rojo la falta de la ene final. Aunque parezca obvio reiterarlo, no olvidemos que si el sujeto es plural, el verbo no puede estar en tercera del singular. Pues bien, me encuentro con este título en El Observador del 29 de marzo: «Preocupa a Vázquez los juicios millonarios contra el Estado».
El hecho que la oración empiece por el verbo y no por el sujeto –en una construcción con características de hipérbaton que el castellano admite sin problemas– no debe en modo alguno hacernos perder de vista cuál es el sujeto; sería como decir No me gusta las hamburguesas.
Parece claro que el sujeto del verbo preocupar es Los juicios millonarios contra el Estado, por lo que el verbo debe conjugarse en tercera del plural; si damos vuelta la cosa y nos atenemos al orden natural y lógico de una proposición, tendremos «Los juicios millonarios contra el Estado preocupan a Vázquez».
Unos días después, leo en una nota editorial de El País (04.04.05), a propósito de la muerte del papa: «El impacto fue muy fuerte. No por sorpresivo, sino por la admiración, el cariño y la veneración que despertaban su imagen, un poco doblada en los últimos tiempos, pero con una sonrisa permanente que acompañaba sus vivaces ojos celestes y que lo transformaban en indestructible. (…) No importaba convicciones religiosas, políticas, raza o sexo».
Pocas veces nos hallamos frente a tal cúmulo de yerros de concordancia. En primer lugar, parecería que el sujeto de despertar es la admiración, el cariño y la veneración cuando en rigor lógico es su imagen lo que despertaba admiración, cariño y veneración; lo correcto sería «la admiración, el cariño y la veneración que despertaba su imagen». En segundo lugar, ¿quién acompañaba a quién:una sonrisa permanente o sus vivaces ojos celestes? ¿Y qué cosa lo transformaba en indestructible? Si el escriba quiso decir que una sonrisa acompañaba sus ojos (y no al revés), debería haber escrito a continuación «que lo transformaba en indestructible». Para terminar, corresponde señalar que el sujeto de importar es plural (convicciones religiosas, políticas, etcétera), por lo que el verbo debe ir en plural: «No importaban convicciones religiosas…».
–A mí lo único que me preocupa es la suba de Ancap, porque lo que más me importa es que no me vayan a aumentar el precio de la grapa.
–¡Qué lo parió! *
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