6 de abril de 1872
“Por fin los orientales podremos vivir en paz; ya no habrá más guerras fratricidas.” Tales las expresiones recogidas por nuestro corresponsal en la tertulia de los viernes en lo de Gómez Arrarte, familia patricia e intelectual.
Estas afirmaciones son demostrativas de la sensación general entre las clases dirigentes montevideanas que ven con alivio el fin de esta “Revolución de las Lanzas” protagonizada por un oscuro coronel del Ejército convertido en caudillo del Partido Blanco. Y cuando se escribe “oscuro”, se alude, además del sentido metafórico que da la idea de una figura menor, al color de la tez del jefe revolucionario, conocido como el mulato Timoteo Aparicio.
La Paz de Abril, como ya se la conoce aquÃ, puso fin a dos largos años de guerra civil que ensangrentó al paÃs y lo devastó desde el punto de vista económico.
La revolución fue la respuesta del opositor Partido Blanco, marginado por el gobierno autoritario del general Lorenzo Batlle quien al asumir habÃa afirmado: “Gobernaré con mi partido (el Colorado) y para mi partido”. A las huestes de Aparicio se sumaron las fuerzas del octogenario general Anacleto Medina, que sucumbió en la batalla de Manantiales hace de esto un año. El “indio” Medina y el “mulato” Aparicio fueron pues los jefes de este levantamiento que será recordado seguramente como el último en que se usó la lanza como arma de guerra, y el primero en que a las acciones bélicas se sumó un aparato propagandÃstico; las fuerzas revolucionarias marcharon por toda la campaña con una imprenta volante en la que AgustÃn de Vedia y Francisco Lavandeira imprimÃan encendidas proclamas pidiendo el respeto a la Constitución y a las leyes, la libertad del votante y el derecho de representación para la minorÃa.
Pero lo novedoso del armisticio firmado hoy es que se instaura una polÃtica de coparticipación: se estipuló verbalmente (por escrito hubiera sido inconstitucional) que los blancos obtendrán cuatro jefaturas polÃticas (San José, Canelones, Florida y Cerro Largo), al tiempo que el gobierno se compromete a garantizar la pureza del sufragio.
Nuestro corresponsal estuvo en la redacción del diario El Siglo, desde donde envÃa sus despachos. Mientras desde los balcones observaba una multitudinaria manifestación de jóvenes entusiastas festejando el fin de las hostilidades, un periodista le comentó: “Son unos ingenuos; no hay que hacerse ilusiones de que el Partido Colorado vaya a cumplir su compromiso. Esta revolución no será la última”. *
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