La vida es lo que tiene
Un lector nos acercó, días pasados, un recorte de prensa donde se leía esta curiosa información:
«La presión ejercida por la mafia brasilera del lavado de dinero y el cerco policial que se formó en torno a su persona, habrían hecho que G.V. se derrumbara y decidiera ponerle fin a su onerosa y angustiante vida».
A la pucha, me dije no bien leí la noticia. Tenía visto el sustantivo vida acompañado de un sinfín de adjetivos, pero nunca se me ocurrió que pudiera ser calificada con el señalado.
He oído hablar de vida miserable, de pobre vida paria (la del protagonista de «Mano a mano»), vida de perros, mala vida, buena vida, descansada vida (la del que huye del mundanal ruido), vida rumbosa, vida peligrosa, vida nueva (la que todos nos proponemos llevar a partir del primero de enero), vida ejemplar,vida breve (la de Brausen), larga vida (la que suelen tener tomates y lácteos), y hasta vidas paralelas (como llamó Plutarco a sus biografías comparadas), sin olvidar Una vita difficile ni La vie en rose…
He oído decir que la vida es un poroto, una herida absurda o una milonga, aunque alguno sostiene que es algo más que darlo todo por comida, y otro, que es como un trompo, compañeros…
Pero que la vida de un mafioso pudiera ser gravosa, como puede decirse de un contrato que implica alguna contraprestación, nunca se me hubiera ocurrido. Supongo que tal vez se quiso decir que la vida del lavador de dinero era rumbosa, ostentosa, o que era penosa por la tensión que implicaba. Asimismo, entiendo que en lugar de angustiante, debiera haberse escrito angustiosa, adjetivo este que se aplica tanto a lo que causa angustia como a quien la padece.
El lector también pregunta si debe decirse «decidió ponerle fin a su vida» o simplemente «poner fin a su vida». La inquietud del lector es perfectamente pertinente pues resulta claro que hay allí una redundancia. ¿Para qué usar el dativo (le) cuando el complemento indirecto está expresado inmediatamente después (a su vida)? Se trata de una construcción de carácter pleonásmico aunque no incorrecta; es lo que se conoce como el dativo de interés, de uso ya impuesto desde hace mucho tiempo en el castellano. Es así que decimos Le regalé una bicicleta a mi hijo; Dígale a Pedro que venga. Sonaría muy raro al oído o a la vista Regalé una bicicleta a mi hijo o Diga a Pedro que venga, ¿no le parece? No obstante, es cierto que en muchos otros casos, es perfectamente posible eliminar ese dativo. Por ejemplo, se puede decir Resolvió poner fin a su vida o Hay que dar de comer a los indigentes.
–No sólo hay que darles de comer, que no sólo de comida vive el hombre; también algo de beber: un tintillo, por ejemplo, digo yo.
–¡Qué lo parió!
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