Salvar las materias pendientes

Todavía grupos importantes de uruguayos siguen viviendo en carne propia la injusticia que proviene del régimen dictatorial que, de mil maneras, perjudicó a gente, no solo persiguiéndola, encarcelándola e impulsándola al exilio, sino afectándola en su vida cotidiana. Hay todavía miles de civiles que cumplían labores de distinta índole a nivel privado, o estudiantes que fueron encarcelados por meses o años, otros, que sobrellevan enfermedades producto probado de las sesiones de tortura y de los años de cárcel a que fueron condenados por funcionarios estatales que se arrogaron, incluso, el derecho de dividir a los trabajadores en tres categorías ideológicas, A (los impolutos), B (los maculados) y C (los réprobos).

Civiles que –por haber cumplido funciones en la actividad privada– no merecieron nunca la consideración del Estado responsable de todas esas desdichas, que han determinado mil y una vicisitud, incluso la muerte prematura de más de una víctima de ese pasado oprobioso. Queremos remarcar en torno al punto la responsabilidad que tuvo en todo este drama el Estado, del cual eran representantes las fuerzas represoras que cometieron todo tipo de tropelías.

Todo se hizo en nombre de un Estado (occidental y cristiano), por funcionarios a los que se les pagaba con partidas salariales establecidas en el Presupuesto nacional y que actuaban en base a una doctrina, la de Seguridad Nacional, que fue la adoptada en el continente con el fin de atacar las convulsiones que determinaba la aplicación a mansalva y de manera salvaje, del modelo neoliberal.

No podemos olvidarnos –por supuesto que sería injusto hacerlo– de otros funcionarios estatales también perjudicados por toda esa barbarie: los militares pasados a reforma o dados de baja por oponerse a la dictadura, que nunca fueron reparados cuando sus derechos también fueron pisoteados. Hubo una pequeña acción para un grupo selecto de militares de alta graduación, los llamados del «inciso G», a los que se les restituyó el grado y recompuso la carrera. Pero la mayoría de los ex uniformados sancionados de la peor manera por sus ideas democráticas, al igual que los civiles, esperan que en este país algún día resplandezca la justicia y que –como ocurrió con otros sectores de funcionarios estatales– se adopten medidas para resarcir tantos años de olvido.

Es de estricta justicia solucionar toda esta problemática. Al asumir el gobierno el doctor Tabaré Vázquez, primer presidente que representa también a esos sectores perseguidos por la dictadura, prometió arbitrar soluciones para los civiles y militares que nunca han sido resarcidos por los perjuicios que les provocó un Estado comandado por un grupo de hombres que pisotearon el sistema democrático republicano de gobierno.

Por supuesto que el nuevo gobierno tiene prioridades de enorme trascendencia, pues no es posible que en este país siga gente muriendo de frío y hambre, que un millón de personas se debatan bajo la línea de la pobreza, y haya más de 100 mil indigentes y sigan multiplicándose los barrios marginales (asentamientos), que le dan cabida a una creciente población de más de 300 mil personas, poco menos del 10 por ciento de la población total del país.

Sin embargo el gobierno también debe enfrentar urgencias éticas. Buscar una reparación concreta de quienes han sido víctimas directas de la dictadura es una de ellas. Obviamente ello debiera sumarse al esclarecimiento final de los actos aberrantes que se cometieron en cuarteles, sus salas de tortura y cautiverio, encontrándose finalmente los cementerios clandestinos, donde habrían sido sepultados quienes fueron asesinados por los esbirros que, lamentablemente, gozan de la impunidad establecida por la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Un verdadero mamotreto legal que recibió el apoyo de la ciudadanía, en otro momento histórico del país, cuando todavía impresionaba el recuerdo histórico de la reciente de la tiranía.

Entendemos que son temas difíciles, con muchas visiones y alternativas. Pero es evidente que el gobierno debe cerrar finalmente el libro de lo que son, todavía, materias pendientes. *

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