Dinamismo y coherencia
En el momento actual asistimos a dos procesos dotados de intenso dinamismo: por un lado los efectos sociales de la miseria que ha predominado en los amplios sectores de trabajadores de la ciudad y del campo, que padecieron el cierre de sus fábricas y de sus fuentes de trabajo.
Marginación y tensión social que se expresa a menudo en delitos individuales pero que resultan incomprensibles si no se procura examinar esos actos destructivos desde una mirada social que analice circunstancias, contextos, historias personales y familiares y demás componentes del humus que hace posible el desarrollo y la extensión de estas conductas.
Pero, a diferencia de lo que ocurrió en las administraciones anteriores, el país asiste a la acción de un gobierno dotado de un gran dinamismo para las decisiones administrativas y de una gran coherencia en sus perfiles políticos e ideológicos.
Es sabido que en el país el pequeño grupo de capitalistas que controla la industria frigorífica maneja los precios de la carne al consumidor a su antojo y a su entero beneficio.
En el último año hemos asistido a una espectacular sucesión de aumentos sin ninguna justificación, incremento de precios que ha afectado la calidad de la alimentación de cientos de miles de hogares uruguayos para quienes la carne vacuna es un componente esencial de la dieta familiar.
Contrariamente a lo que pudiera creerse, estos aumentos del precio de la carne al consumidor no han redundado en un beneficio de los pequeños y medianos productores ganaderos, muchos de ellos todavía agobiados por el peso de las deudas usurarias contraídas durante el largo ciclo del atraso cambiario.
No son estos sectores de las capas medias rurales quienes mejoran su posición financiera con el alza de los precios de la carne. Los que lo hacen son los integrantes de la «rosca» frigorífica, entre ellos algunos grandes ganaderos que juegan no sólo con las necesidades del marcado consumidor sino también con la «apretura» financiera de los productores rurales.
Ahora bien, por primera vez en la historia del país, desde las más altas tribunas del gobierno, el ministro de Ganadería, José Mújica, ha salido a denunciar el papel de este grupo de aprovechados y ambiciosos que lucran con las necesidades de los productores y de la gente.
Poner en estado público las maniobras de este pequeño grupo es un paso en una tarea que insumirá tiempo resolver. Pero deja abiertas las puertas para que la inmensa mayoría de los uruguayos comprenda por qué se producen ciertos aumentos y quiénes se benefician por el alza abusiva de los precios.
En momentos en que algunos líderes partidarios pretenden absurdamente colocar como centro de la atención pública un infundio como lo es decir que el Frente Amplio-Encuentro Progresista no está dispuesto a aceptar mecanismos de contralor, llamar la atención sobre las maniobras especulativas de la «rosca» frigorífica tiene más sentido que un diccionario.
De igual modo, la actitud de la ministra Azucena Berruti anulando el homenaje a los caídos en la lucha contra la subversión, que se celebraba todos los 14 de abril, es otra señal de una voluntad de poner las cosas en sus justos términos respetando la existencia en el país de legítimas opiniones divergentes sobre el asunto.
De igual modo se podrían señalar los pasos decisivos que en materia de depuración de la jerarquía policial viene impulsando el ministro del Interior Dr. José Díaz. Se trata apenas de los primeros pasos correctivos para devolverle los derechos a la comunidad y respetar su aspiración a tener una policía profesional, honesta, calificada e incorruptible.
Las rémoras sociales administrativas heredadas de los gobiernos anteriores son consistentes, extendidas y pegajosas.
Pero la nueva administración no ha accedido al gobierno para contemporizar con la ilegalidad o la corrupción, sino todo lo contrario.
La pulseada terminará por definirla el pueblo con su voluntad de aportar y participar en la construcción de un nuevo país. *
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