Bienvenido Fidel
Si la instalación del nuevo Parlamento fue un acontecimiento histórico, el relevo de la banda presidencial del próximo 1º de marzo se transformará en un acontecimiento histórico urbi et orbi.
Al cambio profundo y democrático que significa la presidencia del doctor Tabaré Vázquez se le suma la presencia de figuras internacionales y en especial regionales y latinoamericanas.
Dentro de ellas quiero destacar, por distintas razones, la presencia del doctor Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba.
Porque se restablecerán las relaciones con esta hermana república, acto de estricta justicia histórica, que nunca debieron haber sido rotas.
Uruguay, en su política internacional, con la autoridad moral que lo caracteriza, puede jugar un papel positivo en terminar la absurda exclusión de organismos regionales, hija de la prepotencia y el bloqueo, que la principal potencia del mundo del mundo le impuso desde hace 45 años. Incluso la emergencia del gobierno progresista podría allanar el obstáculo de ofrecerle el carácter de asociado a nuestro Mercosur.
Fidel es una personalidad de la historia, cuyo rol objetivo será determinado por la ciencia historiográfica, pero a quien nadie puede negar su estatura mundial y su capacidad magnética de atraer multitudes.
Su visita a la Argentina fue un claro exponente de esta afirmación.
Junto a Mandela, son figuras que han ocupado la escena internacional de las últimas décadas.
Espero que su visita sea un motivo de regocijo nacional y de respeto democrático. Soy consciente de que hay sectores de distinto signo que tienen una visión crítica pero no me caben dudas de que serán muchas decenas de miles que pondrán sus ojos en esta figura legendaria de la lucha latinoamericana.
Nada empañará su presencia
Desde la caída de la URSS, todas las mendaces afirmaciones de que era un mero peón de la estrategia soviética y que caería, como cayeron los regímenes del Este europeo, fracasaron.
Ello es así, más allá de matices, porque Fidel representa el profundo sentimiento patriótico del pueblo cubano. Es un producto genuino, como el tabaco y el ron cubanos.
En la última década ha venido propulsando la batalla de ideas, con la siembra d e ideas y valores, bajo la afirmación de que trincheras de ideas son más firmes y duraderas que trincheras de piedras.
Ahora que se terminó la guerra fría y el enfrentamiento Este-Oeste ha desaparecido, la exclusión de Cuba es un anacronismo inaceptable.
De aquel joven barbudo, que con 32 años, un 1º de enero de 1959 iniciaba la Revolución Cubana, pleno de ideas y de sueños, a este veterano y experiente líder político, no sólo pasaron 46 años sino mucha agua bajo los puentes de la realidad mundial y latinoamericana.
La increíble e inédita globalización que recorre el mundo es producto de un desarrollo histórico y no meramente de planes maléficos imperialistas.
Es fruto de la civilización humana, que se alcanzó en un brevísimo período de 5.000 ,6000 o 2005 años, según sea el calendario que usemos, en la larga vida de nuestros antecesores sobre el planeta.
Al decir de Fidel «El hombre actual no es más inteligente que Pericles, Platón o Aristóteles, aunque no sabemos si suficientemente inteligente para resolver los complejísimos problemas d e hoy».
Pero esta globalización actual, injusta, depredadora, excluyente y con graves problemas, deberá dar paso a una nueva realidad histórica, que en su primera etapa no será socialista, pero será más justa, incluyente, solidaria, cuidadosa de la biodiversidad y sin el despilfarro de recursos que hoy desarrollan las grandes potencias.
Fidel se pregunta: «¿Dispone de mucho tiempo la naturaleza y con ella la especie humana, para sobrevivir la ausencia de un cambio semejante? De muy poco. ¿Quiénes serán los creadores de este nuevo mundo? Los hombres y mujeres que pueblan nuestro planeta».
Las armas esenciales serán las ideas, las conciencias y el uso inteligente y eficiente de los recursos económicos.
Hoy por hoy, parecería un sueño, una utopía, y como lo dijo ese gran intelectual, numen inspirador del pueblo cubano y respetado por todos nuestros pueblos, José Martí: Los sueños de hoy serán las realidades de mañana.
Nuevas realidades se abren paso en nuestro continente.
Luego de una década de neoliberalismo salvaje, que agravó las condiciones de vida de nuestras sociedades a extremos desconocidos, surgen regímenes políticos que buscan nuevos senderos de desarrollo con justicia social, que cierren la grave brecha social existente.
Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, son índices de esta búsqueda inquieta y acuciante.
La semilla que plantó la Revolución Cubana sigue viva, y sus ideas de autodeterminación nacional y no intervención, son referentes para una política regida por el Derecho Internacional.
También está claro que una Revolución sólo puede ser hija de la cultura y las ideas, y se institucionalizará definitivamente en el pleno goce de las libertades democráticas.
Bienvenido Fidel a la tierra de Artigas, en este momento de alumbramiento de un gobierno progresista, que en clave uruguaya quiere iniciar un proyecto de progreso, democratización profunda y justicia social, que tenga vida por muchos años. *
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