Basta de juegos malabares
CARLOS SANTIAGO
Es evidente que los instrumentos que utiliza el Banco Central poco tienen que ver con un país productivo, en que se debe acentuar la circulación del dinero en la sociedad. La utilización del esquema clásico, de quitar poder de compra a los uruguayos, para con esa medida lograr que nadie se pase a divisas, aplanando su cotizaciòn, ya no le sirve a nadie porque, además, es bueno saber que no necesariamente un mayor poder de compra de la gente es sinónimo de un acrecentamiento del ritmo inflacionario.
El esquema mental de quienes impulsan esas medidas de astringencia es el clásico de los que creen que con equilibrios monetarios es posible nivelar una economía cuyo desarrollo –dicen– proviene de las exportaciones y del ingreso de capitales, mayoritariamente extranjeros, que deberán llegar al país en opciones de riesgo para abrir fábricas y concretar otros emprendimientos, para así lograr el florecimiento y la caída de la desocupación.
Esquema que siempre deja de lado al mercado interno, que es el que está integrado, como agentes económicos, por todos los habitantes del país que al florecer, evidentemente, comienza a impulsar los mecanismos del desarrollo.
Que las exportaciones sean el único camino para lograr el despegue de la economía es un concepto arcaico y alejado de la realidad. Las ventas masivas de productos al exterior, como está ocurriendo en estos momentos con la carne, deben ser bienvenidas. Pero, recordemos que esos procesos son altamente vulnerables a cualquier tipo de cambios: desde los monetarios, pasando por los políticos y terminando por otros factores que han destrozado a empresas que históricamente han apostado fundamentalmente a las ventas externas.
¿Qué ocurrió en el pasado con la industria frigorífica, la misma que hoy está nuevamente en auge? En la zona del Cerro hay esqueletos de lo que fuera un verdadero emporio de riqueza que, un día, al cambiar las condiciones internacionales, se derrumbó.
¿Por qué aún subsiste la empresa Motociclo, que exportaba bicicletas a la Argentina, cuando por diversas razones se cerró ese mercado? Se mantiene funcionando, en un nivel más bajo de actividad, habiendo tenido que despedir a buena parte de su plantilla de trabajadores, porque tiene una pata firmemente apoyada en nuestro mercado interno.
`¿Por qué siguen funcionando empresas pequeñas, de elaboración de vinos, de alimentos envasados, queserías, etc.? La razón es que trabajan para un mercado pequeño pero seguro, que es el interno y, cuando logran niveles de calidad y exportan, logran un desarrollo que sorprende.
¿Por qué ha subsistido Conaprole, una empresa de punta y un buen ejemplo de un emprendimiento que sigue trabajando, con problemas, claros y oscuros, pero que se ha mantenido por años en una actividad creciente? Esa permanencia, por qué no decir éxito, está en que la pata principal está en la comercialización de leche y derivados en el mercado interno. Cuando trabaja y exporta mucho mejor, pero esa actividad tiene flujos y reflujos, períodos de bonanza o de suspensión parcial o total de las ventas al exterior. Podríamos preguntarnos, además, por qué no se derrumbó la industria arrocera cuando, luego de la devaluación brasileña, sus ventas a ese país cayeron de manera abrupta, y utilizar también muchos otros ejemplos.
Es bien claro que para mejorar ese mercado interno del que hablamos se debe poner dinero en los bolsillos de los actores económicos, o sea la gente. Y ello por varias vías. El llamado plan de emergencia es una de ellas y quizás la política de acuerdo entre las partes (consejos de salarios) sirva para que se mejore la calidad del salario y ello propicie el empuje económico.
Lo demás es puro cuento. Los juegos malabares que sigue haciendo el Banco Central tratando de sacar dinero de la plaza, sólo ahondan una situación gravísima de la cual se debe salir.
Es el imperativo principal. *
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