Los acuerdos son posibles
El gobierno, los empresarios y los sindicatos, debemos llegar a un rápido acuerdo sobre algunas definiciones básicas de la política económica a implementar. En primer lugar, ésta debe considerar las consecuencias sociales de su aplicación, de donde, una política económica que no propende al bienestar de la mayoría de la población, no es una buena política. Tan o mas importante que los equilibrios macroeconómicos, lo son el empleo, la inclusión, la recomposición del tejido social.
A la sociedad uruguaya no se le ha provocado un arañazo que le dañó la piel, se le ha inferido una feroz puñalada que le atraviesa varios órganos, por lo tanto la reconstrucción no será mágica, pero debe comenzar ya.
Es aquí donde ubicamos otro acuerdo esencial a lograr. Es indudable la necesidad de atender las franjas mas castigadas de nuestra sociedad a través de un programa de emergencia, pero parte de la efectividad de este plan estará dado por la existencia de medidas que vuelvan a ubicar al trabajo como eje central de la articulación social.
Como ubicar al estado en el mapa de nuestras actividades, de nuestras vidas individuales y colectivas, debe ser una de las tareas mas complejas de acordar. Porque quizás sea aquí donde mas se bifurquen las opiniones.
No alcanza con gritar «bajen el costo del estado, por favor» en una cuatro por cuatro. Tampoco es útil promover el asistencialismo.
En esta temática, ¿cuál sería el acuerdo básico?
Por ahora necesitamos al estado, rediseñémoslo entre todos.
En nuestra opinión, debería contemplar los intereses de la mayoría de la población, por lo cual debe tener un papel muy activo y a su vez participativo.
Activo en la implementación de políticas de desarrollo productivo y en el énfasis de las políticas activas sobre las pasivas de empleo.
Debe estimular la inversión, la actividad productiva, «dirigir la inversión hacia áreas como ciencia y tecnología y buscar mercados internacionales» (Carlos Viera).
También debe estimular el consumo interno y la generación de puestos de trabajo e incentivar las exportaciones.
No solo el estado debe cambiar. Desde los agentes económicos son necesarias otras señales. Se debe abandonar la inconducente consigna hueca de la reducción del «costo país», por un franco apoyo a una reforma tributaria sobre la base artiguista de privilegiar a los mas necesitados.
El combate por el trabajo, la inclusión social, el bienestar, no es una tarea que pueda enfocarse meramente desde el punto de vista económico.
Por el contrario, «hay un riesgo de ruptura de la cohesión social, aparte del propio riesgo que corre, a mediano o largo plazo, la estabilidad del sistema democrático. ¿Cuál es el umbral de exclusión tolerable por el sistema democrático?» (Oscar Ermida)
Teniendo conciencia que no basta con intentar atajar penales, que la táctica del «achique» en esto no funciona, creemos que nuestra sociedad tiene la madurez suficiente como para delinear una política económica concurrente con la generación de empleo.
Como para tener una mirada a largo plazo y no quedarse con la mera atención a la emergencia. Sobre todo tenemos que encontrar los caminos para superar las mezquindades de contradicciones tales como: «combatan la pobreza, (ustedes), pero bajen(me) el «costo país» (a mí).
Concentrémonos en los tiempos verbales plurales e inclusivos de la mayor cantidad de gente posible, no juguemos con el umbral. *
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