Debate global de la educación: un camino imprescindible
La sociedad uruguaya se debe una discusión acerca de la Educación que quiere y necesita, desde hace varios decenios. Nos hemos perdido varias oportunidades: en los 30, en los 50, en los 60, pero fundamentalmente a la salida de la dictadura y en cambios de gobiernos posteriores, momento en que ya se avizoraban cambios muy fuertes en las estructuras de nuestras sociedades.
El debate del de la educación toda, globalmente concebida parece ser una deuda histórica que ya se ha transformado en una ausencia normal. Hubo impulsos dirigidos a campos específicos en distintos momentos: la universidad, la escuela primaria, la formación de maestros, la UTU, las escuelas experimentales, la separación de secundaria, la ley orgánica del 58, la creación del IPA, los diferentes intentos de cambio de planes, la obligatoriedad extendida al primer ciclo de enseñanza media, el mamarracho del plan 76, el ajuste timorato del 86, la no muy osada microexperiencia, el plan 96 con todos sus ruidos, los cambios en UTU sin el justo reconocimiento, la educación inicial, los planes CAIF, la Transformación en Educación Media Superior…
Desde hace más de ciento treinta años que se trabaja en campos específicos parcialmente, respondiendo a necesidades de época, o a situaciones emergentes o urgentes. Esto ha hecho que hoy se nos presente la realidad como un mosaico de parches, como esas calles viejas a las que con buenas intenciones se les fue tapando los baches a lo largo del tiempo, y luego resultan intransitables por los distintos comportamientos de los materiales. Esto se aprecia entre niveles, sistemas y subsistemas, y al interior de los mismos.
Hay necesidades y perspectivas de cambio. Hay esperanzas. Hay expectativas. Pero por sobre todo: hay una energía latente que se puede y se debe utilizar.
¿Qué necesita de la educación, cada individuo y la sociedad, en los diferentes ciclos?
Esa parece ser una pregunta conductora, transversal, que diferencia cada nivel y a la vez une la perspectiva de la educación en general.
Es claro que nuestros alumnos son individuos muy distintos que viven en muy diferentes situaciones socio culturales. Todos tienen condiciones personales diferentes, inclinaciones y gustos distintos, y por tanto, necesidades propias. Y como país, entendemos que es imprescindible que así sea: la diferencia de trabajos es esencial para la constitución social. Por otra parte, como sociedad, tenemos ciertas orientaciones comunes que atender.
Parece claro que, en todos ciclos, habrá que definir por un lado competencias comunes necesarias, y por otro áreas y métodos diversos, coordinables con las primeras.
Existe una posibilidad de lograr resolver esta aparente distancia: educar por «competencias». Para entender este criterio, tomemos una definición elemental. Podríamos entenderlas como el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que alcanza un ser humano, que le permiten mejor desempeñarse en situaciones dadas. Este concepto permite justamente la flexibilidad ante la diversidad a la vez que el trazado de elementos comunes. Pongamos un ejemplo bien elemental: la competencia de la comunicación es fundamental para todo ser humano. Sin embargo todos la alcanzamos en grado diferente y a través de distintos caminos y modos. Hay quienes destacan en el discurso verbal, quienes lo hacen en el escrito, otros en la música, en la plástica, otros en el cine. Parece que hay mínimos de entendimiento que deberíamos lograr todos en todos los campos. Otros diferentes, referidos a la expresión. Cada uno los alcanzará a su manera, pero bien ayudado por el sistema educativo. Así pues, un sistema puede tener distintos «planes y programas» que le permitan responder flexiblemente a las inclinaciones, intereses y desarrollos de los distintos alumnos, y alcanzar metas comunes en las competencias de comunicación. En otero orden: si las competencias en el campo científico se logran a través de realizar investigaciones en ciencias sociales, experimentales o un curso de jardinería, o mecánica, no interesa. Sí parece claro es que se deben realizar investigaciones, y serias, por parte de los alumnos para que a prendan a trabajar de manera científica. ¿Cuáles serán los temas filosóficos? Seguramente los más diversos, y bienvenidos sean en una población bien diversa. Lo importante será generar la apertura al y del pensamiento que nos produce la filosofía.
La necesidad de cambios tan importantes llevará a muchas preguntas que orientarán la discusión.
¿Cuáles serán esas competencias en cada período de la educación? ¿Cómo acreditarlas a nivel formal y no formal? ¿No habrá que organizar el sistema educativo de manera diferente? ¿Será bueno generar «órganos de dirección» teniendo bien en cuenta los niveles: 0 a 3 años, Inicial, Primaria, Primer ciclo de Enseñanza Media, Segundo Ciclo, Universidad de Educación, Universidad de la República, otras Universidades, etc? ¿Cómo se deberían integrar esos órganos? ¿Cómo será mejor organizar la coordinación y el grado de obligatoriedad de las resoluciones de la misma?
Estas serán algunas de las preguntas que tendremos que formularnos en este debate. Las respuestas vendrán de la síntesis entre las necesidades planteos que aporte la población, así como diversas organizaciones sociales y productivas, y la labor técnica de quienes trabajan y estudian el fenómeno educativo. Pero eso sí: buscando en todos los casos disponernos a trabajar con mentes abiertas, sin presiones corporativas, sin el argumento de la fuerza. Discutimos sobre educación: debe primar la sensibilidad y la razón. *
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