Asume el Parlamento de la esperanza

Los uruguayos estamos a pocas horas de que comience a funcionar el nuevo Parlamento que, tendrá, como resultado de la decisión popular, una mayoritaria representación de legisladores de izquierda. Con ello se estará abriendo una nueva instancia, más que trascendente, en la democracia uruguaya, pues es la primera vez en la historia política del país que se modifica abruptamente la correlación de fuerzas y que ello ocurriera, como singular característica, sin el más mínimo hecho de violencia, desarrollándose todo ese proceso dentro del más estricto marco institucional.

Creemos que es una impresionante muestra de madurez política que deberá ser reconocida por los historiadores como un hecho excepcional. Luego de 174 años de gobiernos de blancos y colorados se produjo un cambio histórico que abre una real expectativa de cambio y, de alguna manera, pone fin a la desgastada acción de los llamados partidos tradicionales, que no supieron encaminar al país hacia el progreso, enmarañados en un juego de intereses, nacionales e internacionales, los que desembocaron en una especie arrebatiña por el ingreso que determinó la enormidad que, hoy en el país, un tercio de la población viva una situación que va desde la pobreza a la indigencia.

Un proceso de desgaste que esos partidos no pudieron revertir, por estar inmersos en un mecanismo atroz, apuntalado por las peores recetas de los organismos multinacionales de crédito, destinadas a favorecer a un sistema financiero que, más allá de sus propias ganancias, no jugó nunca un papel favorable a la empresa nacional para así impulsar el progreso.

Un sistema financiero que prefirió la especulación, trabajando abroquelado por el secreto bancario, para recibir capitales de dudosa procedencia que escapaban de los países limítrofes, en especial de Argentina y, en un juego de ordenes electrónicas, traspasar esos depósitos a instituciones en el exterior, en el marco de los llamados negocios off shore. La ganancia era fácil, pero el mecanismo no hacía más que negar el sentido mismo de esas instituciones financieras.

Pero hay más elementos. Partidos tradicionales que utilizaron al Estado en beneficio de sus colectividades políticas, que convirtieron a las oficinas públicas en un coto de clientelismo, el que se extendió de manera grandilocuente hasta a las dependencias del Ministerio de Salud Pública, en donde de nada valía la capacidad técnica para cubrir cargos asistenciales.

El martes comenzará a trabajar un nuevo Parlamento sobre el cual, buena parte de los uruguayos, tiene fundadas esperanzas de que contribuya a implementar políticas progresistas que sirvan para cambiar muchas de las peores lacras consolidadas en el Estado por la acción de un grupo de políticos que paulatinamente fueron abandonando la sensibilidad social para convertirse en duros agentes de los privilegios.

Quince días después asumirá la presidencia de la República el doctor Tabaré Vázquez, un personaje sin duda singular, que no es un político profesional y que es el centro del sentimiento de esperanza de la mayoría de la población. Su tarea no será nada fácil, pues la situación del país es complicada, plagada de deformidades que son producto de un empobrecimiento gigantesco. Un país, de alguna manera, postrado en el cual los procesos de crecimiento se estampan en los índices que proporcionan el Ministerio de Economía y el Banco Central y que no se trasladan a la gente. ¿Se puede hablar de mejoría económica cuando 40 mil personas viven de la recolección de basura en Montevideo, sigue aumentando la indigencia entre los niños y se consolida entre los mayores? ¿Se puede hablar de mejoría, cuando se mantiene la emigración de compatriotas que deben dejar el país porque aquí no tienen trabajo?

¿Es adecuado sostener que el país crece, cuando nuestros viejos, luego de décadas y décadas de trabajo, no pueden jubilarse porque en alguna ocasión debieron sufrir las alternativas de la desocupación o del trabajo en negro?

¿Y los que llegan al altísimo cómputo exigido por la ley, es posible que tengan tasas de reemplazo absolutamente desniveladas, aplastadas por topes absurdos que determinan el efecto de que la gente para no derrumbar su calidad de vida, tenga que trabajar hasta la muerte?

Estos son algunos de los temas que deberá solucionar el nuevo gobierno, porque todos ellos son el resultado peor de políticas antinacionales. Las mismas que cansaron a los uruguayos que, el 31 de octubre, resolvieron abrir una cuota de crédito a un nuevo grupo de hombres y mujeres. *

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