La transición responsable

A escasos días de la instalación del nuevo Parlamento y a dos semanas de la asunción del nuevo gobierno, podemos aseverar que los dos conceptos que inspiraron la campaña electoral de la izquierda progresista, son señales de identidad de la nueva etapa:

Tanto el gobierno del cambio como la transición responsable entre el modelo político-económico vigente y el del cambio.

En esta larga transición entre las elecciones y la asunción del mundo, hecho inédito en la política mundial y que tendremos que revisar, el clima que se vive en la sociedad es d e esperanza por un cambio real, que modifique vicios heredados y acabe con la política del clientelismo político.

La inteligente y coherente política aplicada por el gobierno electo ha creado un clima de respeto y confianza, que ha evitado que la transición se desarrolle en medio d e peleas y acusaciones.

Resulta evidente que quien define la temperatura política es el gobierno, cómo entable el diálogo con la oposición, cómo busque integrarla a la nueva administración, bajo el concepto que el gobierno gobierna y la oposición controla, evitando las absurdas e injustas exclusiones que caracterizaron a los gobierno rosados de las últimas décadas..

La imagen del nuevo gobierno con respeto interno e internacional, es de un elenco coherente, que sabe lo que quiere y busca integrar un proyecto armónico.

Apuesta al Uruguay Productivo donde la producción y el trabajo sean las claves de un crecimiento económico sano.

Enfatiza en el Uruguay Social, porque el mayor patrimonio del país es su gente y la principal responsabilidad d e un gobierno es protegerla en su derecho a la vida digna, comenzando con el Plan d e Emergencia.

Promueve el Uruguay Democrático y nos exige profundizar la democracia en términos de ciudadanía, transparencia y eficiencia del Estado y en la ética de su gestión.

Propicia el Uruguay Innovador, basado en la educación y la potencialidad, hasta ahora subdesarrollada, de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Aspira a un Uruguay Integrado como una estrategia de inserción en la región, en el continente y en el mundo, algo no fácil en el panorama actual para un país pequeño, poco poblado y que requiere de una política de Estado a encarar con imaginación y sentido de nación.

Desde el primer día de gobierno se anotarán las cualidades de la nueva administración.

Cumpliendo las formalidades rituales de la transmisión del mando pero con la marca de un gobierno popular, democrático y progresista, donde el pueblo tenga un lugar privilegiado.

Por ello la participación masiva es imprescindible para darle un soporte social y ciudadano al viraje histórico que se inicia en nuestro país.

Además del discurso ante la Asamblea General habrá un discurso a la ciudadanía, en acto público, que paute los objetivos y la conducta de los nuevos gobernantes.

Los primeros actos marcarán la impronta de nuestra vocación Latinoamericana, Mercosuriana y de un decidido compromiso con la causa de la Paz, la soberanía , la democracia y la solidaridad.

El respeto al Derecho Internacional, será nuestra guía dado que las normas que ordenan y regulan las relaciones entre los Estados constituyen la mejor forma d e garantizar la convivencia pacífica y el respeto a los derechos soberanos de los pueblos.

La defensa y promoción activa de los Derechos Humanos será signo característico de la acción internacional del Uruguay Progresista, pero también el cierre de la herida heredada desde la dictadura de la causa de los detenidos-desaparecidos y la reparación integral a sus familiares.

Se asignará especial importancia a la Presidencia «pro- témpore» del Mercosur que el Uruguay ejercerá durante el segundo semestre del 2005.

El gobierno progresista trabajará incansablemente para fortalecer las relaciones con sus vecinos, con la comunidad de naciones de Sud América y el resto de América Latina y un buen relacionamiento con todas las naciones del mundo.

En un mundo lacerado por la desigualdad y el hambre, comprometemos todos nuestros esfuerzos para que la Agenda del Desarrollo, que encuentra uno de sus principales fundamentos en la Declaración del Milenio de Naciones Unidas, mantenga su preeminencia frente a la Agenda de Seguridad.

La política será dirigida para que los uruguayas y uruguayos vivan dignamente en su país y los que por diversas razones no lo puedan hacer, se sientan parte del mismo.

A las políticas enunciadas se deberá complementar una política Cultural, que salde los graves rezagos acumulados por el Estado uruguayo, cumpliendo como bien dice la Constitución en su artículo 34:

«Toda la riqueza artística o histórica del país, sea quien fuere su dueño, constituye el tesoro cultural de la Nación, bajo la salvaguardia del Estado y la ley establecerá lo que estime oportuno para su defensa».

Frente a la ética del egoísmo opondremos la ética de la solidaridad, ante la mercantilización salvaje y global, elevaremos la promoción de valores e ideales humanistas, que nos haga considerar a la cultura como un destacado motor del cambio.

El barco navega en aguas procelosas, y con el timón firme enfrentaremos vientos a babor y estribor, pero llegaremos a puerto con velas desplegadas para cumplir el compromiso histórico de cambiar con la gente y por la gente, para que la democracia sea un estandarte sólido enraizado en el respeto de todos los derechos de sus habitantes. *

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